Pablo López Arias llegó tarde al baloncesto. Pero lo hizo a la carrera. Imprimió velocidad de esprínter a tardes y fines de semana maratonianos como jugador y entrenador. Para llegar a tiempo a todas partes compró un Vespino de segunda mano con Óscar García Gadafi, entonces compañeros de banquillos y hoy cada uno al frente de los dos principales clubes de la canasta en Ponferrada. No se detuvo ni siquiera en verano, cuando forjó el campus decano de la ciudad, ni cuando marchó a estudiar a Santander, donde mantuvo viva la llama. Sí pidió un tiempo muerto cuando se acumularon obligaciones laborales y familiares hasta perder la pasión, la condición que considera indispensable para entrenar ahora que dirige a dos equipos de base y preside el Club Baloncesto 6,25, un nombre que remite a aquellos años ochenta en que todo cambió.

Pablo López Arias (primero por la izquierda abajo), en el equipo juvenil masculino del JT, el primero de baloncesto en el que jugó

Pablo López Arias (primero por la izquierda abajo), en el equipo juvenil masculino del JT, el primero de baloncesto en el que jugó

Pablo López Arias jugó al fútbol en el Santa Marta hasta los 14 años: “Me lo tomaba muy en serio, pero el entrenador premiaba más a los buenos aunque no fueran a entrenar que a los que teníamos compromiso”

Nacido en Ponferrada en 1972, López se crio en el barrio de Navaliegos, si bien hizo su círculo de amistades en torno al Colegio Diocesano San Ignacio, donde estudió hasta pasar luego al Instituto Álvaro de Mendaña. Primero probó en el fútbol, al militar hasta los 14 años en el Santa Marta, donde se desenvolvía como lateral izquierdo. “Hasta que dejó de gustarme o dejé yo de gustarle al fútbol”, dice para explicar el motivo de su renuncia: “Yo me lo tomaba muy en serio, pero el entrenador premiaba más a los buenos aunque no fueran a entrenar que a los que teníamos compromiso”. A los 16 llegó al baloncesto federado, pero la canasta no era ajena a quien ya entonces recorría las pistas del Club de Tenis, el Álvaro de Mendaña y el Plantío, compraba la revista Gigantes y veía a Ramón Trecet en el mítico programa de televisión Cerca de las estrellas. Eran los ecos en Ponferrada del boom del baloncesto desatado por la plata de la selección española en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984.

Tanto es así que el día en que fue a matricularse en el Mendaña ya Tony Iglesias intentó captarlo para el Basket Bierzo. Pablo López acabó enrolándose como júnior en el JT con Luis Fuente, Roberto Babas y Óscar García. La implicación iba más allá de la pista hasta recordarse pintando el pabellón y abriéndolo para el discopatín de los domingos por la tarde. Antonio Vecino, célebre presidente del club, ofreció entrenar a equipos de base a López y García, que dirigieron primero en la Borreca y luego en el patio del Colegio La Inmaculada. “Entrenábamos al aire libre y era el único sitio de Ponferrada en que se pagaba por jugar”, recuerda sobre aquellas tardes infinitas que empezaban como entrenadores y terminaban como jugadores, por no hablar de fines de semana de colegio en colegio a bordo del Vespino: “Cometimos muchas imprudencias, pero teníamos lo más importante o lo que es indiscutible para poder entrenar: teníamos pasión y, a la vez, capacidad de transmitirla. Todo lo demás se aprende, pero la pasión se tiene o no se tiene”.

Terminada la etapa como júnior, pasó al primer equipo del JT, donde militó tres temporadas en la por entonces (principios de los noventa) tercera categoría del baloncesto nacional. ¿Cómo era como jugador? “Yo era un base zurdo, buen pasador y buen defensor; un jugador de equipo, que se decía”, se define. El baloncesto corre paralelo a los estudios, primero en la rama de delineación de la Formación Profesional en la Sindical y luego haciendo Magisterio por Educación Física en Santander, donde siguió jugando y entrenando. Todavía al regreso a la comarca, ya a mediados de los años noventa, cerró el círculo al militar en uno de los últimos equipos del Basket Bierzo. Para entonces ya había plantado una semilla: interno en los campus de verano de Pepe Estrada en Cistierna, importó la idea y fundó, con Paco Lainez y Jorge Rubio, el Campus Baloncesto Ponferrada, que nació en el Instituto Gil y Carrasco para luego asentarse en la Ciudad Deportiva, dejar el hito de una edición con 180 participantes y cumplir ya 35 años con el único paréntesis del obligado en 2020 por la pandemia del coronavirus (ahora con una especie de hermano pequeño por Semana Santa en el Antonio Vecino).

Jugó tres temporadas con el JT en la tercera categoría del baloncesto nacional a principios de los noventa: “Yo era un base zurdo, buen pasador y buen defensor; un jugador de equipo, que se decía”

Pablo López Arias (tercero por la izquierda abajo), con el equipo del JT senior en Segunda División, en un partido contra la selección de Ucrania con el refuerzo para el equipo berciano de Manolito Aller, Anicet Lavodrama y Miguel Loureiro, que en ese momento jugaban en ACB en el OAR Ferrol

Pablo López Arias (tercero por la izquierda abajo), con el equipo del JT senior en Segunda División, en un partido contra la selección de Ucrania con el refuerzo para el equipo berciano de Manolito Aller, Anicet Lavodrama y Miguel Loureiro, que en ese momento jugaban en ACB en el OAR Ferrol

Foto del primero Campus Baloncesto Ponferrada, todavía en el Instituto Gil y Carrasco

Foto del primero Campus Baloncesto Ponferrada, todavía en el Instituto Gil y Carrasco

Pablo López Arias (primero por la izquierda de pie), con un equipo del Club Baloncesto La Inmaculada que esa temporada ganó la liga escolar y la liga provincial federada

Pablo López Arias (primero por la izquierda de pie), con un equipo del Club Baloncesto La Inmaculada que esa temporada ganó la liga escolar y la liga provincial federada

La Asociación Deportiva Campus, nacida para gestionar la actividad veraniega, empezó a llevar las escuelas de colegios como el Valentín García Yebra, Jesús Maestro, Campo de la Cruz y San Antonio. Campus se acabó en 2003 fusionando con el Club 6,25, nacido del impulso de Miguel García en el patio del Colegio La Cogolla. López, que ya había hecho de pinche de un enterrador en Fuentesnuevas y trabajado como delineante en Mármoles Luengo de Almázcara, llegó como técnico en prevención de riesgos laborales a Asepeyo, donde ascendió a director del centro asistencial de Ponferrada. Lo deportivo quedó en un segundo plano hasta motivar un parón de tres temporadas: “Yo sentía que había perdido la pasión. Iba a entrenar y miraba demasiado el reloj. Y ese es un consejo que doy a todos los entrenadores: si miras mucho el reloj, deja de entrenar porque estás engañando a los niños”. La “culpa” de su retorno la tuvo el entrenador Javier Emilio Rodríguez Chave, que se incorporó de administrativo a Asepeyo y lo fue “envenenando” hasta decidir su retorno a los banquillos.

“Los niños y las niñas no han cambiado nada; el problema es que los que han cambiado son los padres, que en muchas ocasiones tienen unas expectativas ajenas a la realidad y condicionan a los niños”

Con Chave, y otros compañeros y amigos como Álvaro Prada, Paula Santalla y Sandra Cereijo, dio un paso al frente cuando Miguel García dio uno atrás hasta asumir la presidencia del 6,25 y mantener la filosofía de un club con vocación social que procura que ningún niño con afición deje de jugar al baloncesto porque sus padres estén en dificultades económicas, las que atravesó una comarca que ahora parece contentarse con empatar el partido. “Lo que hemos hecho es conformarnos”, reflexiona Pablo López al poner el termómetro al Bierzo, mientras se marca los retos de consolidar la cantera, asentar el equipo de Primera División Nacional femenina, crear un conjunto sénior masculino y hacer “sostenible económicamente” el 6,25. “Sólo me pueden retirar de esto los padres”, afirma para lanzar una reflexión en torno al pasado y el presente del deporte base: “Los niños y las niñas no han cambiado nada; el problema es que los que han cambiado son los padres, que en muchas ocasiones tienen unas expectativas ajenas a la realidad y condicionan a los niños. Y siempre les digo a los padres que debo de ser muy mal entrenador porque llevo 38 años entrenando, y he entrenado a excelentes fontaneros, médicos, abogados, electricistas o albañiles, pero todavía a ningún jugador o jugadora que haya vivido del baloncesto”. Su receta para el futuro será la de seguir poniendo la máxima pasión cada vez que se lance el balón al aire.

Torneo de Villagarcia de Arousa, con miembros del 6,25 invadiendo la pista tras la victoria de uno de sus equipos

Torneo de Villagarcia de Arousa, con miembros del 6,25 invadiendo la pista tras la victoria de uno de sus equipos

Pablo López Arias, con más entrenadores de 6,25 en el Torneo de Vigo de 2021, el primero tras la pandemia del coronavirus

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Foto del equipo en que jugaba Nico, un joven que falleció unos días antes de esta imagen con las camisetas de homenaje

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Pablo López Arias, como entrenador en un partido del 6,25

Pablo López Arias, como entrenador en un partido del 6,25