La madre de Fabero que tuvo en terapia a sus cinco hijos. El chico asturiano que abandonó el programa y llamó mucho tiempo después desde Estados Unidos para contar que había dejado de consumir y se había casado. La primera usuaria que llegó a Cubillos del Sil el mismo día de su inauguración y se convirtió más tarde en voluntaria. Imposible acordarse de todo. Ni enfermedad ni vicio. Lo deja claro. Tampoco cuentan las primeras impresiones ni existen los triunfos solitarios. “Trabajamos en equipo”, repite pacientemente. Desnudarse de prejuicios y confiar en el proyecto. “Tú no ves a alguien que consume, ves a alguien que tiene un problema del que se puede salir porque has visto salir a mucha gente”. La que habla es Lucía Lordén, terapeuta de Proyecto Hombre en El Bierzo desde hace casi cuarenta años y protagonista de una historia que tiene dos comienzos. El primero en el Corporales de Truchas de la década de los 60; el segundo en la epidemia de heroína que en los 80 se extendió como una plaga devastando familias enteras que no contaban con ninguna ayuda. 

“Recuerdo las nevadas”, dice cuando le preguntamos por su infancia. Una familia muy unida, un coche de línea que unía Corporales y Truchas y mucha emigración a Argentina. De hecho, explica, la escuela se construyó con el dinero que mandaron los vecinos asentados al otro lado del Atlántico. También hubo maestros que le dejaron huella. “Ramón, que tenía un R8 azul, y Lourdes, que era de León y fue para mí una inspiración. Ella me animó a seguir estudiando. Cuando se marchó nos escribimos algunas cartas y aún las guardo”. Lucía nació y creció en la Cabrera con el Teleno como referencia y cumplió 11 años en Las Ventas de Albares, donde la familia se mudó en busca de una vida más fácil. Se sintió acogida e hizo nuevas amigas, se vinculó a grupos cristianos con los que salía a la montaña o celebraba la Pascua y, cuando terminó el instituto y llegó la hora de tomar un camino, escogió Magisterio en Ponferrada. 

Lucía Lordén, en Corporales

Lucía Lordén (derecha) junto a su hermana, en Corporales

“Siempre me gustaron los niños, pero no sé si mi vocación realmente era enseñar conocimientos”. Así que recién diplomada quiso continuar estudiando Psicología, pero un error con la solicitud terminó llevándola a Madrid, donde vivía su hermana y donde se matriculó en la Uned. Y es justo ese verano de 1984 cuando se le presenta una oportunidad que coge al vuelo y que marcará el resto de su vida. Isaac Núñez y Yolanda Busto están impulsando la creación de un centro de Proyecto Hombre en El Bierzo. El modelo, a imagen y semejanza del que ya funcionaba en Italia, pretendía dar respuesta a una emergencia social. La heroína hacía estragos en las familias que no sabían cómo enfrentar un problema sin precedentes. Las jeringuillas tiradas en parques y fuentes formaban parte del paisaje. No había información, centros, ayudas ni políticas públicas y, a falta de todo eso, en las grandes ciudades proliferaban extraños gurús que se concretaron en estafadores como única solución al sufrimiento de las madres y padres desesperados. 

“Hace años que no veo a un heroinómano puro, aunque sí el policonsumo”

Lordén formó parte del equipo de cinco miembros del Bierzo que viajaron, primero a San Sebastián y después a Italia, para formarse. “Fue muy exigente. Nosotros partimos de que el problema no está en la droga sino en la persona. Trabajamos mucho el tema emocional”. De vuelta a España y tras unas prácticas de ocho meses en Madrid, Lucía empieza a trabajar en Cubillos del Sil el mismo día de su apertura, el 9 de septiembre de 1985. El del Bierzo fue el tercer centro de Proyecto Hombre que se abrió en España, solo por detrás de Madrid y San Sebastián. “Al poco tiempo de abrir se llenó, empezó a venir gente de Asturias, de Galicia, de Zamora”. Tras la acogida, en Cubillos del Sil, se pasaba a Comunidad Terapéutica, en Santibáñez del Toral. Trabajar la motivación, la autoestima, la adquisición de normas y rutinas y hacerlo conjuntamente con el entorno (familia, amigos) es fundamental. 

Lucía Lordén, con compañeros de Proyecto Hombre

Lucía Lordén, con compañeros de Proyecto Hombre

“Hace años que no veo a un heroinómano puro, aunque sí el policonsumo”. Lucía ha vivido en primera persona el cambio de la heroína a la cocaína y a otro tipo de drogas en las últimas décadas y, desde 2015, trabaja en primeras atenciones, grupo de familias y ludopatías. “El juego, físicamente, no hace el mismo efecto que las drogas, pero destruye igualmente”. Por eso se indigna explicando las facilidades que existen a la hora de conseguir dinero y crédito para realizar apuestas online y ante la multiplicación de los locales de apuestas y los métodos que emplean. Empática y firme, Lucía, que ha dedicado su vida a los cuidados, sostiene que “en los momentos más duros, lo que nos mantenía era atender a la gente, seguir aportando”. En equipo, por supuesto.

Lucía Lordén, durante sus primeros años de vida en Corporales

Lucía Lordén, durante sus primeros años de vida en Corporales

Lucía Lordén, en Corporales

Lucía Lordén (centro), en Corporales

Lucía Lordén (derecha), en la inauguración de la sede de Proyecto Hombre en Fuentesnuevas

Lucía Lordén (derecha), en la inauguración de la sede de Proyecto Hombre en Fuentesnuevas

Lucía Lordén (izquierda), con compañeros de Proyecto Hombre durante la formación inicial en San Sebastián

Lucía Lordén (izquierda), con compañeros de Proyecto Hombre durante la formación inicial en San Sebastián

Lucía Lordén, en un congreso con Proyecto Hombre

Lucía Lordén, en un congreso con Proyecto Hombre