Existía en la década de los sesenta un verdadero caldo de cultivo para la fundación de un colegio de segunda enseñanza en Ponferrada. Por un lado, estaba el interés del obispo de Astorga y, por otro, la disposición de la Congregación de Religiosas de La Asunción, todo ello en un momento en que la ciudad experimentaba un rápido crecimiento.

Primera sede del Colegio La Asunción, en la avenida de la Cemba, en el barrio de Flores del Sil
La primera idea fue crear en el barrio obrero de Flores del Sil una filial del instituto de Ponferrada y un colegio menor para las niñas de los pueblos vecinos que quisieran continuar sus estudios de bachillerato. En esta barriada, la más populosa de la capital de El Bierzo, no existía ningún colegio de religiosas. A ello se añadía que, según los informes de la Inspección de Educación, era precisamente la zona donde se concentraba un mayor número de niños sin escolarizar.
La primera residencia del comunidad de hermanas de La Asunción se ubicó en una casa alquilada a la familia Rodríguez Lorenzo, en el número 7 de la calle de la Cemba
Ponferrada experimentaría, durante la segunda mitad del siglo XX, un importante crecimiento urbano y demográfico como centro del sector minero y de las centrales térmicas e hidráulicas de ENDESA. Flores del Sil era, concretamente, un barrio muy poblado y en plena expansión, pero con escasos servicios. Estaba habitado, en su mayor parte, por trabajadores de la empresa MSP —Minero Siderúrgica de Ponferrada— procedentes de diferentes puntos de la geografía nacional, especialmente de Galicia y Andalucía, además de personas llegadas de la provincia de Zamora.
Con estas premisas llegamos al 12 de septiembre de 1967, fecha en la que se instalaría en Flores del Sil la primera comunidad de hermanas de La Asunción. Su primera residencia se ubicó en una casa alquilada a la familia Rodríguez Lorenzo, en el número 7 de la calle de la Cemba. Se trataba de un edificio de tres plantas, con local comercial, sótano y un pequeño patio.

Comunidad de religiosas del Colegio La Asunción de Ponferrada en 1967

Construcción del Colegio La Asunción, en el barrio de Flores del Sil, en Ponferrada
Un mes después, el 10 de octubre de aquel mismo año, comenzaba el curso con unos datos muy concretos: ciento cinco niños matriculados en tres grados de Primaria y una clase de preescolar, en régimen privado.
El siguiente paso quedó recogido en los anales de la comunidad con estas palabras: «Al otro lado de la carretera de Orense, al final del terreno de la Minero, a orillas del río Sil y del Monte Pajariel, y en lo que será prolongación de la calle de la Cemba, están los 9.313 metros cuadrados de terreno que hemos comprado a la Minero Siderúrgica para la edificación del Colegio. Es un verdadero bosque de árboles medicinales y está atravesado por un pequeño canal, que va a la presa “La Martina”. Inmejorablemente situado en sitio alegre y soleado, ha sido una buena adquisición».
Y así llegamos al inicio del curso 1970/71, cuando, aunque todavía sin estar completamente rematado, se inauguró el nuevo colegio. Se amplió entonces la oferta educativa hasta quinto de Primaria y se autorizaron los cursos de 2.º y 3.º de Bachillerato.

Construcción del Colegio La Asunción, en el barrio de Flores del Sil, en Ponferrada

Colegio La Asunción de Ponferrada

El comité nacional de UNICEF otorgó en 1991 al Colegio La Asunción de Ponferrada una distinción honorífica por su colaboración con la labor humanitaria
El nuevo edificio tenía capacidad para 1.200 niñas y contaba con espacios e instalaciones adecuadas. Permitía, además, el funcionamiento de un comedor escolar subvencionado por el MEC (Ministerio de Educación y Ciencia), del que podían beneficiarse 150 alumnas. Con el paso de los años, el colegio quedó configurado con 16 aulas de EGB, 2 de preescolar y 3 de guardería laboral.
Fue mucho más que un centro educativo. Se convirtió en salón de actos, en espacio para la práctica deportiva y, sobre todo, en lugar de encuentro de todo un barrio que carecía de otras infraestructuras
Resulta difícil resumir en unas pocas líneas toda la trayectoria educativa y pedagógica desarrollada por el Colegio La Asunción a lo largo de su historia en nuestra localidad. Nos encontramos ante un modelo de enseñanza orientado a la apertura, la acogida y la formación integral de la persona, tanto en el ámbito humano como en el trascendente.
Una educación que tuvo como pilares valores que siguen plenamente vigentes: la justicia, la paz, la solidaridad y la amistad.

Comunidad de religiosas presentes en el Colegio La Asunción de Ponferrada hasta junio de 2026

Santa María Eugenia Milleret, fundadora de la congregación apostólica Religiosas de la Asunción

Escudo del Colegio La Asunción de Ponferrada y cruz de las religiosas de la congregación
Aun a riesgo de dejar en el tintero muchos de los logros alcanzados por el Colegio La Asunción de Ponferrada, merece la pena recordar algunos de ellos. En el curso 1985/86 se convirtió en uno de los primeros centros de España en escolarizar en aulas ordinarias a alumnos con discapacidad intelectual. En el curso 1990/91 acogió a jóvenes estadounidenses que, dentro del programa AMA (Asociación de Misioneras de La Asunción), impartieron enseñanza de inglés en los cursos superiores.
En el curso 1997/98 se incorporó al programa Sócrates de la Unión Europea, participando en una acción Comenius junto a tres centros escolares de Bélgica, Suecia e Italia. En 1998/99 se puso en marcha el programa de Diversificación Curricular en la ESO, destinado a ofrecer una atención más personalizada a aquellos alumnos de 3.º y 4.º en riesgo de fracaso escolar, facilitándoles el camino hacia la obtención del graduado escolar. Posteriormente, en el curso 2000/01, se implantó una unidad de Compensación Educativa, entre otras muchas iniciativas.
El colegio desempeñó un papel muy importante como lugar de encuentro para movimientos reivindicativos, sociales, políticos, sindicales y eclesiales
Pero la historia de La Asunción en Flores del Sil no puede entenderse únicamente desde las aulas. Mirando hacia atrás, descubrimos que el colegio fue mucho más que un centro educativo. Se convirtió en salón de actos, en espacio para la práctica deportiva y, sobre todo, en lugar de encuentro de todo un barrio que carecía de otras infraestructuras.
Eran nuevos tiempos para España, marcados por profundos cambios religiosos, sociales y políticos, a caballo entre la clandestinidad y la transición democrática. En aquel contexto, el colegio desempeñó un papel muy importante como lugar de encuentro para movimientos reivindicativos, sociales, políticos, sindicales y eclesiales.
Y en esa labor tuvieron un protagonismo especial las religiosas, junto al personal docente y no docente, los padres y madres de alumnos, los propios alumnos y tantas personas que colaboraron, de una u otra manera, en las numerosas actividades que se desarrollaron a lo largo de los años.
El Colegio La Asunción ha echado raíces profundas en Ponferrada, en esta tierra de El Bierzo y, muy especialmente, en la vida cotidiana de Flores del Sil. Su presencia forma parte ya de la historia y de la memoria colectiva del barrio.
Como curiosidad, dos calles de la ciudad llevan nombres estrechamente vinculados a esta historia: La Asunción y María Eugenia Mirellet.
Este artículo quiere ser, ante todo, un homenaje a las Religiosas de la Asunción por su labor educativa, pastoral y humana. Un agradecimiento por tantos años de entrega, de servicio, de cercanía y de compromiso con las personas, especialmente con los niños y jóvenes.
El nombre de Ana Pilar, la madre Ana, representa, en buena medida, el rostro humano de tantas religiosas que, con discreción y generosidad, entregaron una parte esencial de sus vidas al servicio de los demás
Su legado no se mide únicamente en el número de alumnos que pasaron por sus aulas, ni en los programas educativos que pusieron en marcha, ni siquiera en las instalaciones que fueron construyendo con esfuerzo. Se mide, sobre todo, en las personas que ayudaron a crecer, en las oportunidades que ofrecieron, en los valores que transmitieron y en la huella que dejaron en varias generaciones. El presente curso es el primero sin presencia de la comunidad de religiosas en el centro educativo.
Y sería injusto concluir estas líneas sin mencionar a una persona concreta: Ana Pilar, la madre Ana. Su entrega, su cercanía y su dedicación dejaron una profunda huella en quienes tuvieron la fortuna de conocerla. Su nombre representa, en buena medida, el rostro humano de tantas religiosas que, con discreción y generosidad, entregaron una parte esencial de sus vidas al servicio de los demás.
Rafa Casas es profesor jubilado que ejerció la docencia durante cuatro décadas en el Colegio La Asunción, en el barrio ponferradino de Flores del Sil