Como a Tatyana Galán, que lleva dentro una actriz desde que nació, le decían que eso de vivir del teatro era una quimera, se guardó un plan b bajó la manga. Ella, que aprovechaba un cogedor y el palo de la escoba para recrear un concierto, también competía en natación y pasaba los veranos en la piscina de Compostilla hasta sentir el agua como otra cómplice. Así que se dijo que si fallaban los planes con la farándula, siempre podría estudiar Ciencias del Mar. Casualidad o no, en una conversación de una hora y veinte minutos para relatar una biografía que es la lucha por un objetivo usa dos veces la misma expresión: “Era el trampolín que me faltaba”. Lo hace para señalar cómo, siendo adolescente, se tiró de cabeza a los cursos que organizaba el Teatro Bergidum de Ponferrada. Y lo repite para subrayar cómo, ya en la juventud, hizo un salto con doble tirabuzón para formar, dirigir y hasta escribir funciones para los vecinos mayores de los pueblos del Bierzo. “Y ahora”, sentencia con tanta firmeza como sentido del humor, “soy el mejor ejemplo de que en el teatro no te mueres de hambre”.

Tatyana Galán, de niña, apuntando maneras
Tatyana Galán pasó sus primeros años en Villager, en una casa asentada sobre un antiguo convento. La familia se mudó a Compostilla. Y en el baúl del desván, entre ropajes que cosía su abuela, apareció la farándula
“Toda mi vida he estado ligada a la farándula”, dice como premisa de partida. El caso es que (¿casualidad o no?) pasó los primeros seis años en una casa que bien podría haber sido un escenario. La vivienda aprovechaba una parte de un antiguo convento en Villager de Laciana, en el municipio de Villablino. “Era una chulada. Era una casa antigua de piedra con cocina de carbón”, cuenta para recomponer aquella primera parte de la infancia en la que se recuerda jugando frente al supermercado que regentaban sus padres (él de San Lorenzo y ella de Villager). Su padre fue también vigilante minero y era conductor de ambulancias en Laciana cuando ella bajó para vivir con su madre y su abuela en el barrio de Compostilla, el escenario del segundo acto de su biografía, desde los 6 años hasta la actualidad. “Mucha bicicleta y mucha piscina”, resume para evocar los veranos. Cita una secuencia típica durante el curso: salir del colegio, pasarse por el economato, donde trabajaba su madre, y volver juntas a casa. Allí, en el baúl del desván en el que se acumulaban los ropajes que cosía su abuela, la farándula se hizo presente.
Tatyana Galán, que se recuerda compartiendo en el patio coreografías con amigas como la hoy ilustradora Puri Salví, dejó atrás la EGB en Compostilla para cursar tercero de la ESO en la Sindical. Quiso el destino que el centro, el Instituto Virgen de la Encina, tuviera en cuarto una asignatura troncal de Teatro. Y encontró el trampolín definitivo para acabar de perfilar su vocación en aquellos cursos del Bergidum junto a su director, Miguel Ángel Varela, y con profesores como Ricardo Vicente o Carlos García Ruiz, y en los espectáculos de las Noches Templarias. Había comenzado a estudiar el Bachillerato de Humanidades en la Sindical hasta que se cambió al Gil y Carrasco para hacer el de Artes Plásticas (el centro ha estrenado este curso el de Artes Escénicas). “Nunca fui una gran estudiante. El Dibujo Técnico no era lo mío. Y me costó un triunfo”, admite. “Yo quiero hacer teatro”, decía en casa. “Primero estudia algo serio”, le replicaba su padre. Y en un giro de guion (o doble salto mortal en el trampolín) acabó el Bachillerato de Ciencias en las clases nocturnas del Gil y estudió Técnico de Laboratorio en el Instituto Fuentesnuevas.
Todavía no se habían extendido por las comunidades autónomas las Escuelas Superiores de Arte Dramático cuando Tatyana Galán hacía las maletas, se iba unas semanas a Madrid y combinaba cursos en escuelas como la de Cuarta Pared con una agencia a través de la cual hacía de extra en anuncios y películas como aquella Al final del Camino, con un reparto encabezado por Fernando Tejero y Malena Alterio, en la que finalmente apenas apareció su codo tras una sesión de rodaje de cuatro horas en una palloza del Bierzo Oeste a razón de 90 euros. “Fue el codo mejor pagado de la historia”, concluye otra vez con una sonrisa. Para entonces ya había empezado a curtirse en Ponferrada con grupos como Rasnucalé o Skené Teatro. Muchos de sus compañeros se fueron. Ella se quedó. Y eso no fue casualidad: “Yo quería hacer teatro; y quería hacer teatro aquí”.
Tras estudiar Técnico de Laboratorio en el Instituto Fuentesnuevas, pasó temporadas en Madrid entre cursos de formación y castings hasta regresar al Bierzo: “Yo quería hacer teatro; y quería hacer teatro aquí”

Tatyana Galán, interpretando a Loreto en ‘Tanatorio’, en 2022

Tatyana Galán, con los actores del teatro musical ‘Mamma mia’

Tatyana Galán, en un rodaje en Madrid durante la pandemia
La oportunidad surgió cuando le ofrecieron dar clases de teatro por los pueblos del Bierzo a través de la Federación de Pensionistas y Jubilados de Castilla y León. “Me lo pasé pipa, aprendí muchísimo y me hice dramaturga por necesidad”, señala sobre cómo tuvo que dotarse de textos para grupos muy dispares. Fue su segundo trampolín también en la medida en que le permitió ganar dinero para completar su formación con cursos de Didáctica Teatral en Cuarta Pared o Dramaturgia con José Luis Alonso de Santos. “Soy una loca de la formación. Si quieres ser profesional, tienes que estar en continua formación”, sostiene ahora que, a través de una empresa, ofrece cursos en distintos lugares, al tiempo que ejerce como directora artística y dramaturga de Dinamia Teatro (con la que acaba de estrenar la obra Reflejos en el Bergidum) y se marca el reto de escribir y dirigir cine tras rodar el pasado verano como actriz el cortometraje de Alberto Peláez Manos negras.
“Soy una loca de la formación. Si quieres ser profesional, tienes que estar en continua formación”, sostiene ahora que da clases, es directora artística y dramaturga de Dinamia Teatro y quiere escribir y dirigir cine
Ella ha logrado aquella quimera de vivir del teatro, su hábitat profesional tras sus primeros trabajos como monitora de ocio y tiempo libre en campamentos. Y lo ha hecho desde la periferia. “En las grandes ciudades hay más oportunidades, pero también mucha más competencia”, contrapone para lamentar que “haya gente que no se quede por miedo”. Tatyana Galán reconoce sus “privilegios”: poder ahorrar por vivir durante años con sus padres o la “suerte total” de tener al lado de casa el Bergidum, lugar de ensayo desde aquellos primeros años con grupos de jóvenes hasta ahora con Dinamia y escenario donde ver obras que pasan por Ponferrada antes que por Madrid. “No sabemos lo que tenemos”, abunda con la esperanza de que la “bombonera divina” del Teatro Villafranquino Gil y Carrasco de Villafranca del Bierzo retome el vuelo para poder ser otra referencia. Dispuesta ahora a sacrificar en parte su perfil como actriz para volcarse en la escritura y la dirección, Galán seguirá haciendo de su pasión su forma de vida. Ella es puro teatro.

Tatyana Galán (segunda por la derecha), con sus compañeros de Dinamia Teatro en la Domus de Carucedo en ‘El plan de Vesta’

Tatyana Galán (en el centro), en las visitas teatralizadas al Monasterio de Carracedo

Tatyana Galán, en El Oro de Roma de Carracedelo interpretando ‘El amor brujo’

Tatyana Galán

Tatyana Galán, en una de las escenas de su obra ‘Vacas sagradas’

Tatyana Galán, en una imagen reciente