Hubo un día en que a José Luis Reguero, nacido en 1941 en Castropodame, le lanzaron un reto. No sería capaz, le dijeron, de subir en bicicleta la cuesta entre San Miguel de las Dueñas y el poblado minero de Onamio. Reguero, que para entonces ya le había dado tiempo a enamorarse del ciclismo viendo de chaval una prueba alrededor del Santiago Bernabéu y a toparse con la realidad el día en que le cayó una bronca de su padre por gastar dinero en hacerse una bici de carrera, dijo que sí. El berciano, que se reengancharía cuando logró otra al cambiarla por un transistor de radio en Albacete, que llegó a correr a las órdenes de Federico Martín Bahamontes y que se retiró poco después de estar un año en Francia, ascendió esas rampas que ahora obligan a un coche cualquiera a reducir a segunda velocidad. Lo hizo una vez…, y otras diez seguidas más. “Me decían que era imposible”, recuerda por teléfono desde Madrid quien aquel día se ganó una peseta de recompensa.

José Luis Reguero, durante su etapa como ciclista

José Luis Reguero, durante su etapa como ciclista

José Luis Reguero vio en Madrid una carrera ciclista que cambiaría su destino. Se llevó una bronca de su padre por hacerse una bici de carrera. Y volaba hasta Bembibre a por medicinas para su hermana pequeña

La trayectoria de José Luis Reguero, una de las más brillantes y peculiares de la historia del ciclismo berciano, comienza a explicarse desde el contexto histórico: el de ser el mayor de cinco hermanos en plena posguerra. Había que salir adelante. Así que ya de chaval tuvo que trabajar en las minas y marchar a Madrid con apenas 14 años para aprender el oficio de carnicero. Fue en la capital de España, alrededor del campo del Real Madrid, donde vio una carrera ciclista que cambiaría su destino. Pero los sueños chocaban con la realidad en aquellos tiempos en que los jóvenes corredores bercianos tenían que esconder los trofeos, como Antonio Arias, o disfrazar de excursiones las salidas de casa para competir, como Emilio Villanueva. Reguero acabó haciéndose una bici de carrera poniéndole un cambio y un manillar a una máquina en un taller de San Miguel. Por entonces su particular contrarreloj era salir disparado desde su pueblo natal hasta Bembibre a por medicamentos para su hermana pequeña.

La primera incógnita sobre hasta dónde habría llegado en otras circunstancias la carrera deportiva de José Luis Reguero estriba en la tardanza en llegar a la competición hasta que, enrolado ya como aprendiz de mecánico en la Base Aérea de Los Llanos en Albacete, volvió a montarse a la bicicleta tras hacerse con una a cambio de un transistor de radio. Dos soldados lo animaron a correr. Y él, que ya era cabo, les quitaba de hacer guardias para ir a entrenar. Fue al regreso a Bembibre cuando empezó a competir por independiente y hasta a montar un taller de bicicletas en la localidad. Por entonces ya destacaba por gestas con un toque particular como aquel día por la cuenca minera del Sil en el que, tras pinchar varias veces y quedarse sin recambios, acabó tomando prestada una bicicleta de paseo de un aficionado para llegar el primero a la meta.

“A mí me tenían mucho respeto. Como me escapara y cogiera 100 metros de diferencia, ya sufrían para cogerme”, cuenta sobre aquellas primeras carreras a las que a veces acudía atando la bicicleta a una moto hasta que compró coche. Había que forjar las piernas a base de hacer kilómetros como el día en el que se le ocurrió salir de Bembibre y tomar dirección Madrid…, hasta llegar a la capital de España. Fue al regreso al Bierzo cuando una de aquellos camioneros conocidos que hacían la ruta descargando carbón lo cogió, ya por la carretera a mitad de camino, y subió la bicicleta a la caja para llegar de vuelta a casa. Reguero, que nunca se sacó el carné de profesional, sí comenzó luego una etapa por varios equipos alternando las victorias con sinsabores hasta acabar colgando la bici.

Destacaba por gestas como el día por la cuenca del Sil en el que, tras pinchar varias veces y quedarse sin recambios, acabó tomando prestada una bicicleta de paseo de un aficionado para llegar el primero a la meta

José Luis Reguero, durante su etapa como ciclista

José Luis Reguero, durante su etapa como ciclista

José Luis Reguero, durante su etapa como ciclista

José Luis Reguero, durante su etapa como ciclista

José Luis Reguero, durante su etapa como ciclista

José Luis Reguero, durante su etapa como ciclista

Y es que la segunda incógnita sobre hasta dónde habría llegado la carrera deportiva de José Luis Reguero entronca con su propia personalidad. “Yo no hacía mucho caso de la gente. Iba a mi aire. Y eso me perjudicaba”, admite tras relatar los choques con Federico Martín Bahamontes cuando el Águila de Toledo lo fichó para su equipo La Casera. “Discutía con él. Yo no quería que me ayudara nadie”, dice sobre su particular forma de correr quien empezó a ser apodado como el Cordobés del pedal (dicen que por su parecido con Manuel Benítez). Tampoco congeniaba con el entonces seleccionador nacional, Gabriel Saura. “No me entendía con él. Y no me llevaba”, añade quien pasó también por equipos como el Pepsi Cola, el Zeus o el Duward en España y estuvo una temporada en Francia: “Hubo unas huelgas muy grandes, cogí miedo y volví a España”. A la hora de hacer balance quedan los recuerdos gratos como correr al lado de leyendas como Julio Jiménez, vencer en una Vuelta a Salamanca por delante de Agustín Tamames o ganar una Olimpiada Ciclista en Madrid. Otras victorias quedaron teñidas de luto, como el día en que bajaba un puerto a rueda de Amelio Mendijur y este se mató tras impactar conta un coche en una carrera en el País Vasco.

¿Cómo ve el ciclismo de ahora? “Hoy es todo muy diferente. Ahora es un negocio. Antes se corría por afición”, responde aquel ciclista al que su padre le acabó ayudando a comprar una bici

Reguero, que compone este relato con la ayuda de sus hijas Chelo y Verónica forzando su memoria (“he tratado de olvidarlo todo”, dice), tuvo un accidente de tráfico en el Manzanal, donde recuerda cómo la Guardia Civil se asustaba por la velocidad que tomaba en los descensos en bici. “Me querían cortar el brazo. Dije que no. Y lo salvé”, rescata para contar cómo acabó su trayectoria deportiva para establecerse en Madrid, primero reparando maquinarias por varios destinos y donde todavía hoy está al pie del cañón en un desguace. ¿Cómo ve el ciclismo de ahora? “Hoy es todo muy diferente. Ahora es un negocio. Antes se corría por afición”, responde aquel ciclista al que su padre le acabó ayudando a comprar una bici y que acumuló trofeos y un aura de mito todavía muy presente entre los viejos aficionados al ciclismo en la comarca.

José Luis Reguero, durante su etapa como ciclista

José Luis Reguero, durante su etapa como ciclista

José Luis Reguero, durante su etapa como ciclista

José Luis Reguero, durante su etapa como ciclista

José Luis Reguero, en la actualidad / Verónica Reguero

José Luis Reguero, en la actualidad / Verónica Reguero