El primer maratón de la historia del Bierzo se gestó al esprint. Se fraguó en San Isidro (15 de mayo) y se celebró menos de dos meses después, un 8 julio en medio de las Fiestas de San Cristóbal de Toral de los Vados de 1984. Nació del entusiasmo y con el buen rollo por bandera. “Nuestro gancho era la amabilidad”, resume uno de sus fundadores, Jesús Arias, que al calor de aquella iniciativa creó la Asociación Cultural Xesta, la que organizó las primeras cinco ediciones de una cita que convirtió a la localidad berciana en inopinada referencia de esta disciplina en el noroeste español.

De los tres participantes de la primera edición se pasó a 200 en apenas cinco años

“Pensamos primero en hacer un cross. Pero, como ya lo había en muchos sitios, quisimos hacer algo diferente”, dice Jesús García, que se recuerda en la primera edición midiendo en bici y en coche el recorrido

Otro Jesús (Jesús Alonso Prieto, Chus Alonso para todos en El Bierzo) estaba aquel 7 de julio bañándose en el río en Toral. “Me dijeron que al día siguiente iba a haber un maratón. Por entonces le llamábamos maratón casi a cualquier cosa que fuera correr”, admite. El 8 salió de su casa de Fuentesnuevas en bicicleta, llegó a Toral y le dijeron que había que cubrir 42 kilómetros y 195 metros. Salieron trece y apenas siete llegaron a la meta. Chus, por entonces recién regresado de la mili y todavía no acostumbrado a las distancias largas y al asfalto, fue tercero con un tiempo de 2 horas, 57 minutos y 52 segundos.

El primero, con un registro de 2 horas, 32 minutos y 50 segundos, fue el leonés de Villanueva de Carrizo Venancio Llamas García. Había sido curiosamente compañero de estudios de Jesús García, que lo reconoció a su llegada a la estación de tren de Toral. El horario del ferrocarril marcó precisamente que aquella primera edición se programara para las 10.30 horas en pleno mes de julio, detalle corregido ya al año siguiente para arrancar a las 8.30 horas. “No sabíamos dónde nos metíamos”, reconoce Arias al recordarse midiendo en bici y en coche la distancia de un recorrido que constaba inicialmente de dos vueltas al circuito Toral-Sorribas-Cacabelos-San Juan de Carracedo-Carracedo del Monasterio-Villamartín de la Abadía-Toral (luego se ampliaría para llegar a Ponferrada). 

Jesús Arias también rememora una noche recogiendo los bártulos de un concierto por las fiestas de Los Satélites a las 3.30 horas de la madrugada para salir apenas media hora después a preparar el circuito del Maratón. La merienda posterior en el río (a la que se le empezó llamando ‘zumo español’ por aquello de evitar el alcohol) era cita obligada. Claro que algunos, como el propio vencedor de las primeras ediciones, ya se alimentaban en el propio recorrido parando a coger cerezas al más puro estilo Bahamontes. “Había gente que venía por lo pintoresco”, subraya el organizador sin obviar que la prueba fue cogiendo participación y nivel incluso hasta organizar una conferencia previa.

Chus Alonso estaba el día anterior bañándose en el río. “Me dijeron que iba a ver un maratón”, cuenta. Al día siguiente salió de Fuentesnuevas en bicicleta. Salieron trece, siete llegaron a la meta y él fue tercero

Etiqueta del Maratón de Toral de los Vados organizado por la Asociación Cultural Xesta

Circuito y altimetría de las primeras ediciones con dos vueltas para completar los 42 kilómetros y 195 metros

Chus Alonso, recogiendo un premio

El ambiente de confraternización confluía en el ‘zumo español’. Y eso que algunos, como el ganador de las primeras ediciones, paraba en pleno recorrido a comer cerezas al más puro estilo Bahamontes

“La organización era de diez. Fue un ejemplo en toda España. Había mucho compañerismo”, cuenta Chus Alonso, que había llegado tarde al atletismo y empezaba por el mediofondo y el fondo, pero que ya entonces peleaba por los primeros puestos. “Correr en Toral era una presión terrible. Casi no dormía la noche anterior. Y me retiré hasta tres veces yendo en cabeza”, señala sin olvidar aquella vez que lo hizo por estrenar zapatillas. “Yo corría por instinto animal”, añade tras lamentar que el paso del tiempo hiciera desaparecer al atleta de clase media por no poder aspirar puestos de cabeza ante la llegada de especialistas de nivel. A Alonso, que luego ganaría un par de ediciones, se le nota al otro lado del teléfono la emoción de recordar aquellas primeras carreras: “Correr por los pueblos por los que entrenaba con toda mi gente era para mí como la Olimpiada”.

El Maratón de Toral de los Vados había nacido por propia vocación aventurera. “Pensamos primero en hacer un cross. Pero, como ya lo había en muchos sitios, quisimos hacer algo diferente”, repite Jesús García al repasar dossieres con los primeros carteles rotulados a mano que se enviaron a tiendas de deportes de media España hasta el punto de que un hermano del entonces alcalde, Ángel Escuredo, se topara con uno de casualidad en el País Vasco. El coche escoba era en realidad un autobús, otro ejemplo gráfico de que aquella idea modesta iba a lo grande hasta ser durante un tiempo el único maratón de Castilla y León y reunir alrededor de 200 participantes en 1988. Fue la quinta y última edición de esta primera etapa, un logro pionero antes del boom de la especialidad en la década siguiente producto de los éxitos de Martín Fiz y Abel Antón y la posterior explosión del deporte popular.

“Correr en Toral era una presión terrible. Casi no dormía la noche anterior. Me retiré tres veces yendo en cabeza. Correr por los pueblos por los que entrenaba con mi gente era para mí como la Olimpiada”, cuenta Alonso

La prueba se fue reinventando en esos cinco años. Como al principio, por la escasez de participantes, aquel tópico de la soledad del corredor de fondo era real, la organización fue animando a acompañar a los atletas en bicicleta. Tantos llegaron a juntarse un año para pedalear y animar a Chus Alonso que hasta recibió un apercibimiento de expulsión por parte de los jueces. Y su eco llegó hasta revistas especializadas como Corricolari, que en la cuarta edición contó cómo la ganadora femenina lo pudo ser gracias a que su marido, un atleta con opciones de estar entre los primeros, le cediera el testigo para cuidar de su hija pequeña ya a punto de tomar la salida. Y es que los ‘locos’ del Maratón de Toral de los Vados fueron unos adelantados a su tiempo.

Jesús García (izquierda) y Chus Alonso (derecha), junto a Eloy Santín (de barba, junto a Alonso) y otros dos participantes bercianos, Roberto (con el trofeo en la mano) y José. Arias cita otros participantes bercianos recurrentes como Domingo Carrasco y Rafael Cascante Lekuona

Eloy Santín recibe un trofeo de manos de Jesús Arias

Isidro, uno de los corredores locales de las primeras ediciones

Baltasar, otro de los corredores locales de las primeras ediciones

Chus Alonso, en una de las primeras ediciones del Maratón de Toral de los Vados

Chus Alonso, acompañado por su padre en bicicleta

Chus Alonso, en una edición posterior ya con paso por Ponferrada