Andrés Campelo tenía 12 años de edad cuando vio en su pueblo, Matarrosa del Sil (Toreno), a un minero jugarse su piso a las chapas. El mismo carbón que sostenía a las cuencas desequilibraba algunas mentes. Campelo, que ya entonces ayudaba en el mesón familiar antes de ser soldado profesional especialista en rescates, cómico desde el primer boom de los monólogos, corresponsal de prensa, árbitro de fútbol y vendedor de recambios de maquinaria para obra pública, nunca tuvo la idea de bajar a la mina a trabajar. Ahora que es actor y responsable de una compañía de teatro que cuenta en su repertorio con una obra sobre las históricas luchas del sector, hubo un día en que en Laciana un antiguo minero lo llamó “compañero”, un plus emocional que se conjuga con un lamento en forma de pregunta al aire: “¿Por qué los que participaron en las marchas negras no han tenido ya un homenaje?”.

Andrés Campelo (izquierda), en su etapa como soldado profesional
Andrés Campelo, que ya de crío ayudaba en el mesón familiar, fue soldado profesional 12 años en misiones de rescate. “Pero el Ejército no me llenaba”, cuenta para explicar su formación en artes escénicas
El título de la obra, Entre tierras, ya es un guiño personal a un hijo del aluvión que hizo de Matarrosa del Sil un pueblo de acogida en tiempos de la fiebre del carbón. Sus ramas familiares proceden de Extremadura y Galicia. Su padre, Santiago Campelo, sufrió un accidente de tráfico que lo apartó de la mina. Pero bebió de aquellos años, fue el primer concejal del Partido Comunista de España en Toreno y puso en Matarrosa un mesón, El rincón del cazador, que se convertía en centro de reunión durante las huelgas mineras, también para los periodistas hasta que su propio regente se hizo corresponsal. Andrés se crio en ese ambiente: desde que apenas era un chaval ya ponía vinos y servía mesas. Hasta que se acercó la frontera de los 18 años. Tocaba hacer la mili o entrar como soldado profesional. Y echó una cuenta: “Ganaba más como soldado profesional que mis compañeros que eran peones de albañil”. Así que se alistó en el Ejército.
Andrés Campelo fue soldado en Murcia, León y Mallorca, donde desarrolló una carrera profesional de 12 años en el ámbito de los rescates. “Pero el Ejército no me llenaba”, confiesa para añadir precariedades de la época como emplear un helicóptero en el que había volado Franco. Había quedado, además, una vocación pendiente. Él, que se recuerda vestido de pastor con un cordero vivo en representaciones de Navidad, completó tres años de formación en la Escuela de Artes Escénicas de Mallorca. “De chaval nunca estudié. No di con lo que quería estudiar. Y me daba para sacar un ‘5’”, señala para contrastar con la ilusión de aquella formación en arte dramático que compatibilizó con el Ejército. Y de Mallorca, donde llegó a estar como extra sirviendo mesas en espectáculos musicales de Chenoa previos a su paso por Operación Triunfo, regresó al Bierzo.
Los tiempos de Operación Triunfo fueron también los de El Club de la Comedia. El 6 de diciembre de 2003 marcó un punto de inflexión. Fue su primera intervención en La Galería, el bar de Ponferrada que hizo de los monólogos una seña de identidad. Campelo presentó allí aquel día un texto propio escarbando en recuerdos de la infancia. “Era muy teatralizado; ahora han cambiado mucho”, cuenta. Fueron años frenéticos. Como sus padres querían que tuviera un “plan b” al margen de la interpretación, se formó en la venta de recambios para maquinaria de obra pública para introducirse en ese mercado hasta quedarse en el paro y llevarlo desde casa. Cuando se enteró de que corría peligro una liga de fútbol base por falta de árbitros, se hizo colegiado y hasta fue asistente en partidos de regional. Y tomó el relevo de su padre como corresponsal de Onda Bierzo. Él, que venía del teatro, tuvo que adaptarse a otros códigos. “Diego (Luis González) me decía cómo tenía que hablar”, cuenta al recordarse el día del accidente de un tractor con un muerto junto a la gasolinera de Páramo del Sil o el 11M entrevistando en la zona a los familiares de un herido en los atentados.
El 6 de diciembre de 2003 hizo en La Galería de Ponferrada su primer monólogo, un texto propio inspirado en su infancia. “Era muy teatralizado; ahora han cambiado mucho”, contrasta

Andrés Campelo (segundo por la derecha), en un espectáculo de monólogos junto a otros como JJ Vaquero (primero por la izquierda)

Andrés Campelo, en su etapa como monologuista

Andrés Campelo, en el centro, como árbitro de fútbol
Por un accidente de tráfico en 2006 tuvo que bajar el ritmo. Luego se reencontró con los monólogos gracias a Paquito Caballero, otro vecino de Matarrosa, también lugar de nacimiento de Leo Harlem. “Debe de ser el agua, que es especial”, dice sobre una localidad convertida en cantera de humoristas. Fue en 2008, tras un curso de teatro de Comisiones Obreras, cuando encontró en su esposa, Laura Armesto, una cómplice. “Ella escribe textos, pero tiene miedo escénico”, señala para situarse en el proceso conjunto de gestación de obras como Cinco horas con Mariana, La locura de una noche verano o Entre tierras, para la que también ha contado con la colaboración del historiador Alejandro Martínez. “Y él me dice que la obra llega donde el historiador no lo hace”, cuenta sobre ese trabajo en el que se mete en la piel de un minero jubilado para recrear sesenta años de huelgas que situaron al sector a la vanguardia de los movimientos laborales reivindicativos.
Con NATH Teatro representa ‘Entre tierras’, unas función sobre las luchas mineras desarrollada con la ayuda del historiador Alejandro Martínez: “Y él me dice que la obra llega donde el historiador no lo hace”
Asentado desde hace años en Villanueva de la Abadía (Carracedelo), su trayectoria profesional se funde con la familiar. Se sacó de la chistera al Mago Alaz, nombre inspirado en su hija Alazne. Y fundó la compañía NATH Teatro, por su hijo Nathanael. Se recuerda con su esposa echando cuentas para comprar el primer altavoz por 350 euros cuando ahora ya tienen invertidos 12.000 euros en material para un grupo que se completa con Paquito Caballero y Juanjo Araujo. El ritmo, el del cómico que también llevó el humor a otros espacios de Onda Bierzo, el actor que se reconvierte en cada obra y el del promotor que busca la complicidad de ayuntamientos y público, vuelve a ser frenético. Y el espectáculo seguro que va a continuar.


Andrés Campelo (izquierda), con Paquito Caballero

Andrés Campelo, en una representación

Andrés Campelo (izquierda), ejerciendo como asistente en un partido de fútbol

Andrés Campelo, en una función

Andrés Campelo, con el letrero del bar La Galería de Ponferrada de fondo