El día 14 del séptimo mes, de aquel verano del año 2000, en los albores de un nuevo siglo y con el calor del estío, se despertaron los sentidos. Había nacido la Noche Templaria de la vetusta Pons Ferrata. Poco tiempo para algo tan esperado. Era solo una noche y había que aprovecharla. Los Amigos de la Noche Templaria habían trabajado duro para organizarla y todo estaba preparado para procesionar, bien escoltados por caballeros templarios, imponentes en sus monturas, el Santo Grial y el Arca de la Alianza y entregarlos a los pies del Castillo al Gran Maestre Guido de Garda, quien se encargaría de guardarlos bajo custodia entre sus muros.

Tenentes de Ulver, en el Castillo de Cornatel

Tenentes de Ulver, en el Castillo de Cornatel

Se preguntaban qué podrían aportar y se les ocurrió que serían más útiles fuera de la ciudad que dentro de ella. Recorrerían el Camino de Santiago anunciando la fiesta y procurando tranquilidad y sosiego al caminante

El lugar de salida conservaba el espíritu minero de antaño. Todavía se podía oler el humo de las viejas locomotoras de carbón del antiguo ferrocarril. Alrededor, unos pocos pero animados templarios deambulaban y vibraban ante tan novedoso acontecimiento. Horas antes de que se tomara juramento en solemne ceremonia a los nuevos caballeros, dos monjes soldados se reunían en el legendario mesón Tres Portiñas, al calor de unos vasos de vino y su exquisito pulpo a feira para dar forma a otra manera de contribuir a las jornadas templarias. 

Adoptaron los nombres de Godofredo y Rapinatiz y dieron en llamarse los Tenentes de Ulver. Los tenentes eran vasallos que, por prerrogativa del señor feudal o del propio rey, administraban sus tierras y sus bienes, pero sin derecho a su propiedad. Tenente Ulver freyres del templo, acredita el cartulario de San Pedro de Montes del año 1228. Ahora ya no administrarían bienes terrenales, sino que alimentarían las ilusiones y los recuerdos de un tiempo concreto en la larga y fascinante historia del Bierzo. Se preguntaban qué es lo que podrían aportar a la celebración y se les ocurrió que serían más útiles fuera de la ciudad que dentro de ella. Recorrerían el Camino de Santiago anunciando la fiesta y procurando tranquilidad y sosiego al caminante. Serían los guardianes del Camino y se nombrarían nuevos caballeros en los distintos lugares que aconteciese.

Y así, año tras año, irían creciendo en número con la incorporación de nuevos y cercanos amigos. Sin normas, pero con un objetivo claro: todos los años deberían incluir al menos a un nuevo miembro que gozara de la confianza de los demás. Así la fiesta estaría completa. Se recrearían admirando la belleza de los distintos tramos del Camino confraternizando con los peregrinos y peregrinas, habría ceremonia de investidura en alguno de los templos que lo jalonan y se gozaría de una buena comida de hermandad. La jornada podría ser agotadora, pero merecería la pena.

Todos los años deberían incluir al menos a un nuevo miembro que gozara de la confianza de los demás. Se recrearían admirando la belleza de los distintos tramos del Camino confraternizando con los peregrinos

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver en el convento de los Padres Paúles en Villafranca del Bierzo

Tenentes de Ulver en el convento de los Padres Paúles en Villafranca del Bierzo

Año tras año se han ido nombrando caballeros en lugares tan emblemáticos como el Castillo de Ulver, construido al parecer sobre el antiguo castrum romano, vigía del oro de Las Médulas, complejo minero explotado mediante el método de ruina montium. Paradójicamente, esas ruinas son hoy Patrimonio de la Humanidad. Un castillo que sirvió a Enrique Gil y Carrasco el genial desenlace de su romántica novela El Señor de Bembibre, cumbre de la literatura berciana. La iglesia de Peñalba de Santiago, joya de estilo mozárabe, construida en el siglo X por el abad Salomón bajo el reinado de Ramiro II, quien donó la cruz de Peñalba, actual símbolo de la comarca del Bierzo. La iglesia de Santo Tomás de las Ollas, construida también en el siglo X por el mismo abad con la mezcla de estilos mozárabe y románico; o la de Santa María de Vizbayo de Otero, del siglo XI y del mismo estilo. La Cruz de Ferro de Foncebadón, enclavada entre un amontonamiento de guijarros llamados montes de Mercurio por los celtas y cristianizada en el siglo XI al colocarle la cruz Gaucelmo, abad de la alberguería de Foncebadón y Manjarín y a cuyo desarrollo contribuyen los peregrinos depositando piedras en su base. También ha sido visitado el cruceiro de O Cebreiro, enclave estratégico de paso entre El Bierzo y Galicia con las imágenes de Santiago peregrino, Cristo crucificado y Virgen con El Niño. Y cómo no mencionar el Palacio de Canedo, en el que nuestro buen amigo Prada A Tope recibió la llave honorífica. Gran emprendedor y singular persona, acogió con gran hospitalidad a los Caballeros Tenentes y les hizo disfrutar de sus vinos y sus sabrosas viandas en ese entorno privilegiado donde los viñedos se dibujan impresionistas.

El Castillo de Ulver, las iglesias de Peñalba de Santiago, Santo Tomás de las Ollas y Santa María de Vizbayo, la Cruz de Ferro y el Palacio de Canedo han sido lugares de nombramiento de caballeros

Y los Tenentes de Ulver seguirán divirtiéndose año tras año, porque al fin y al cabo es una fiesta y aportando humildemente su granito de arena con la firme convicción de que hacen algo grande por la ciudad de Ponferrada, su ciudad, su Castillo.

Tenentes de Ulver con Prada a Tope

Tenentes de Ulver con Prada a Tope

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver en Peñalba de Santiago

Tenentes de Ulver en Peñalba de Santiago

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver

Tenentes de Ulver en la Cruz de Ferro

Tenentes de Ulver en la Cruz de Ferro

Algunos de estos caballeros, nombrados a lo largo del Camino, llegan de lejanas tierras, Cantabria, Valencia o Madrid, pero la mayoría viven en El Bierzo. Nos sentimos orgullosos de resaltar que de los Tenentes de Ulver han salido dos de las asociaciones que conforman actualmente el panorama templario. Sancho de Villavieja, después de ser nombrado, quiso continuar el trabajo a lo largo de todo el año y fundó los muy ilustres y comprometidos Caballeros de Ulver, con sus recreaciones de armamento de época elaborados artesanalmente y sus exhibiciones de esgrima medieval de las que han disfrutado miles de ponferradinos y turistas. Posteriormente, Barrios de Las Ollas, nombrado en Santo Tomás de las Ollas, hizo lo mismo con Bergidum Templi, con actividades similares de tiro con arco, lucha con espada, confección de ajuar diverso como cota de malla y la recreación de campamentos. Ambas son muy activas en lo que hoy ya ha pasado de ser una noche a convertirse en todo un acontecimiento que traspasa fronteras: la Semana Templaria de Ponferrada.

Actualmente, Tenentes de Ulver lo conforman 20 miembros que, desde la humildad y en una labor callada durante nada menos que 25 años, contribuyen a la divulgación de unas jornadas templarias únicas en España. Como cada año, en 2024 ya estamos preparados para ofrecer cientos de conchas a los peregrinos y pergaminos con las actividades en Ponferrada.

Por los Tenentes de Ulver