Manuel Aller no descubrió hasta los 12 años el baloncesto, una pasión que se prolongaba en verano hasta la madrugada, “hasta que apagaban las luces”, en el Parque de El Plantío. Nacido en Ponferrada cuando todavía se hacía en casa, se fue a los 15 a la cantera del OAR Ferrol. No tenía más pretensiones que hacer allí la mili y poder jugar y estudiar mientras cumplía con la patria. Pero no podía todavía imaginarse escuchando el himno nacional también en pabellones junto a muchos de los jugadores de la primera gran generación que hizo trasnochar a los aficionados para colgarse la plata de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. Ahora comparte vestuario con sus ‘herederos’ como técnico asistente en el staff liderado por el seleccionador, Sergio Scariolo, una trayectoria jalonada entre dos oros tan merecidos como a priori inesperados entre muchos paralelismos: en el Eurobasket 2015 en Francia y en el Mundobasket 2019 de hace unas semanas en China.

Manuel Aller empezó a jugar al baloncesto en el Club Santa Marta de Ponferrada de la mano de Suso Pascual

Recuerda su primer partido de minibasket (en el patio del Colegio San Ignacio) y las horas en la pista de El Plantío hasta que el jugador berciano del OAR Ferrol Ángel Sevilla le animó a hacer una prueba

Hijo de un ponferradino y una gallega de Esgos (Ourense), Manuel Ángel Aller Carballo creció al margen del baloncesto. “Yo al principio jugaba al fútbol y al balonmano”, cuenta al relatar una infancia episódica que pasó por la calle Real (donde nació en 1963), por el barrio de la Estación y el Colegio Navaliegos y por El Plantío y el Colegio Campo de la Cruz. Tomó contacto con el deporte que ha marcado su vida al inscribirse, paradójicamente, en la sección de baloncesto de un histórico del fútbol en la comarca como el club Santa Marta de la mano de Suso Pascual. Y recuerda con precisión su primer partido de minibasket (en el patio del Colegio San Ignacio) y las horas en la pista de El Plantío. “Me gustaban todos los deportes”, relata aprovechando una escala de un viaje entre Madrid y Ferrol en Ponferrada, donde vive su hermana y sus padres conservan una vivienda frente a las piscinas municipales.

Tenía a tiro de piedra la pista de El Plantío. Y fue tras una de aquellas maratonianas jornadas de verano cuando el por entonces jugador de Ponferrada del OAR Ferrol Ángel Sevilla le animó a hacer una prueba para llegar en 1978 a la cantera del club gallego, donde jugaba otro berciano, Fructuoso Redondo ‘Tosi’, y donde empezó viviendo con apenas 15 años en un piso con jugadores solteros del club. “Yo era el niño para lo bueno y para lo malo. No me dejaban ni ir al cine”, cuenta al relatar cómo el club supervisaba sus notas (se matriculó en Formación Profesional), la condición impuesta para dejarle volar fuera de casa por sus padres. Se despidió de su familia (recuerda las salidas con su padre los domingos) y acabó encontrando otra: “Lo que hacía me encantaba y el OAR era como una familia”.

La cosa se puso seria cuando llegó a la categoría júnior y ya pensó en la posibilidad de “vivir del baloncesto”. Manuel Aller y OAR Ferrol formaron un matrimonio inseparable, hoy casi impensable en clubes que han perdido la identidad a fuerza de cambiar cada año las plantillas. Hubo un escarceo con el Caja de Ronda: “(El presidente) Juan Fernández me había dado permiso y luego me dijo que no”. Y militó una temporada en Salamanca a la desaparición del Ferrol, con el que luego volvió a jugar ya en pabellones de categorías más modestas como el de La Borreca del JT, con “ambientazo” en la grada dos décadas antes de que Ciudad de Ponferrada cogiera el testigo. “Tengo mucha relación con ellos. Tienen que tener paciencia y seguir trabajando porque no son categorías fáciles”, recomienda.

Jugó contra el JT con “ambientazo” en el Pabellón de La Borreca dos décadas antes de que Ciudad de Ponferrada cogiera el testigo: “Tienen que tener paciencia y seguir trabajando porque no son categorías fáciles”

Tercero por la izquierda de pie, con la camiseta del JT, y Chema Vecino como entrenador en las pistas del Parque de El Plantío de Ponferrada

Primero por la izquierda de pie, con un trofeo en Ponferrada

Haciendo malabares con el balón en el Parque de El Plantío en una visita reciente a Ponferrada

Con la competencia en el perímetro de jugadores como el barcelonista Epi o el madridista Biriukov, el ‘7’ del OAR Ferrol fue internacional en el Eurobasket de 1989 en Zagreb: “Aquella experiencia fue tremenda”

Estandarte del OAR Ferrol, Aller tuvo presencias esporádicas en la segunda mitad de los años ochenta en una selección española entonces bipolarizada en torno a las grandes capitales (Real Madrid y Estudiantes por un lado y Barcelona y Joventut por otro). Fue internacional en el Eurobasket de 1989 en Zagreb, el penúltimo canto del cisne de selecciones legendarias que saltaron por los aires con la atomización de Yugoslavia y la Unión Soviética. “Aquella experiencia fue tremenda”, resume al rebobinar aquel campeonato junto a estrellas de la época como Epi o Biriukov, su dura competencia en el perímetro, o la ausencia en la pintura de Fernando Martín, vedado entonces para competiciones FIBA (Federación Internacional de Baloncesto) por su paso por la NBA, una hazaña “impensable” hoy normalizada.

No había pensado tampoco en ser entrenador. Pero en 2006 entró en la Federación Española de Baloncesto, con la que ha vivido los éxitos desde los más pequeños hasta los más grandes. “Lo que antes era Yugoslavia ahora es España”, dice sobre el respeto que inspira en los rivales la selección ya desde categorías inferiores, unas generaciones que se han ido complementando con los Júnior de Oro. Manuel Aller ha vivido ese proceso junto a Sergio Scariolo desde el Eurobasket de 2015 con Pau Gasol imperial en circunstancias nada halagüeñas. ¿Cuál es el secreto? “Son excelentes jugadores, pero también gente muy comprometida, van a muerte y sin reserva”, responde sin obviar el trabajo de la Federación Española y sin olvidar la humildad: “Somos España, pero eso no quiere decir que seamos mejores que nadie”.

“Lo que antes era Yugoslavia ahora es España”, dice sobre el respeto que inspira la selección desde abajo hasta la absoluta: “Son excelentes jugadores y muy comprometidos; van a muerte y sin reserva”

El caso es que la selección no se ha bajado desde entonces del podio. Aller ha sido asistente en el banquillo en todas las grandes competiciones a excepción de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, donde por la limitación de acreditaciones hizo el mismo trabajo “pero desde España por televisión e Internet” hasta obtener una réplica de la medalla de bronce. Tras una temporada en China con Juan Antonio Orenga, regresó al país asiático este verano con la selección con el encargo específico de analizar los triples propios y del rival y de valoraciones defensivas intangibles en las estadísticas. Como en 2015, España no partía como favorita, pero se acabó llevando el oro: “Ellos son unos cracks como jugadores y como personas; gente muy normal, muy accesible y muy sencilla. Te hacen fácil trabajar para ellos en el día a día”.

Manuel Ángel para su madre, Carballo en el colegio y en el equipo aquí, Manolo, Manolito o Aller en Galicia, en la selección española reivindica tanto su origen berciano como su tierra ferrolana de adopción. Y aunque no viene mucho a Ponferrada, no hace falta explicarle el significado de la palabra reconversión. Lo saben bien quien ha visto perder miles de empleos en los astilleros y desaparecer el servicio militar. “Aquí se nota bajón, pero es que antes las crisis pasaban aquí un poco de lado y allí han sido brutales”, recalca un ponferradino campeón del mundo orgulloso de sus orígenes y de que desde sus orígenes se presuma de los éxitos de un paisano en la élite.

Aunque para poco en Ponferrada,  sabe bien qué es una reconversión. “Antes las crisis pasaban aquí un poco de lado y allí han sido brutales”, dice sobre la pérdida de miles de empleo en los astilleros en Ferrol

Entrando a canasta en un partido con el OAR Ferrol (jugó un año cedido en el Tirso de Molina) frente al Fútbol Club Barcelona

Dejando una bandeja en un encuentro contra el Barça. En la imagen se puede distinguir a barcelonistas como Juan Domingo de la Cruz, Epi o Solozábal, rivales ese día y compañeros en la selección española

Con la camiseta de la selección española, con la que disputó el Eurobasket de 1989 en Zagreb. “Fue una experiencia tremenda”, recuerda

Compartió banquillo en China durante una temporada con su compañero y amigo Juan Antonio Orenga entrenando al Guangzhou Long Lions

Con el Guangzhou Long Lions, en una gira por Estados Unidos, con parada en el pabellón de los Washington Wizards

En un entrenamiento con la selección española junto a Rudy Fernández

Con la medalla de oro de campeón del mundo en el reciente Mundobasket de China 2019

Con la medalla de oro y la copa de campeón del mundo en el reciente Mundobasket de China 2019

Manuel Aller, en las pistas de El Plantío, donde niño jugaba de baloncesto en verano hasta la madrugada, en una visita reciente a Ponferrada camino de Ferrol