El padre de Gelo Alba Arias se sumó a la moda de la época, quiso que su hijo aprendiera defensa personal y lo inscribió en clases de karate. El chaval tuvo una forma ilustrativa y reveladora de decir que no le gustaba: apuraba hasta la hora del tatami jugando al fútbol. Por entonces una pelota podía ser una piedra o muchos papeles envueltos en celo; el campo, una calle poco transitada o el patio del colegio, de donde saltó a la escuela municipal y a los campos de tierra. “Los amigos que haces de niño en el fútbol son para toda la vida”, cuenta sobre aquella experiencia que estiró hasta pasada la veintena. Por entonces ya era él el que apuraba a su padre para ir al Estadio El Toralín. “Me gustaba llegar 30 minutos antes para ver el calentamiento”, afirma recordándose en la grada todavía sin sospechar que iba a ser en el futuro preparador físico deportivo, ahora con la vista puesta en clasificarse con Guinea Ecuatorial para el Mundial de 2026 en México, Estados Unidos y Canadá.

Gelo Alba Arias, de niño jugando en el Club Deportivo Garden

Gelo Alba Arias, de niño jugando en el Club Deportivo Garden

Tras pasar por la Escuela Municipal de Fútbol de Ponferrada, Gelo Alba Arias llegó al Garden con 8 años y se marchó con 18: “Yo lo recuerdo como el fútbol de verdad; para mí, era la máxima felicidad”

Con familia paterna de Valtuille de Abajo, Gelo Alba Arias se crio literalmente encima del mondongo, el de la fábrica de su familia materna Embutidos Pirri en Molinaseca, donde vivió hasta los 3 años todavía con escuela en el pueblo. Luego pasó a Ponferrada, primero al parvulario Esther Carrera y luego al Colegio Peñalba. El fútbol ya se hacía omnipresente: durante el curso en los recreos y por el verano de mañana y de noche (con un paréntesis por la tarde para ir a la piscina) en el barrio de los Judíos, en el tramo de la Avenida de América que ahora conecta con el Puente del Centenario. La afición se fue canalizando en las piscinas climatizadas de la Ciudad Deportiva con la Escuela Municipal, entonces a las órdenes de Paco Reguera, Andrés Gavela y Carlos Farelo. Cuando se acercaba el verano del último curso y los entrenamientos se llevaban al antiguo campo de arriba de las Escombreras, aquello se llenaba de ‘ojeadores’. Gelo tenía 8 años cuando se incorporó al recién fundado Club Deportivo Garden; tenía 18 cuando lo dejó.

“Yo lo recuerdo como el fútbol de verdad; para mí, era la máxima felicidad”, sentencia al recordar las sensaciones de jugar y crecer con compañeros que eran amigos, inseparables hasta el punto de decir muchos veranos que ‘no’ a las ofertas de la Deportiva Ponferradina para no deshacer el equipo. Hubo una temporada en la que el histórico Enrique Rodríguez se sentaba en el banquillo. “Y nosotros estábamos en el vestuario como si estuviéramos escuchando a Luis Aragonés”, precisa. Fue el propio Rodríguez el que finalmente, acabado el período de formación, lo llevó al juvenil nacional de la Ponferradina, donde pasó de medio centro a lateral derecho hasta subir al filial a Tercera División en 2006. Luego militó en el Cacabelense, el Dehesas y el Flores del Sil hasta los 23 años, cuando hubo de resetearse y acceder a la Universidad de León para estudiar INEF habiendo ya entonces empezado a ejercer como entrenador en el Columbrianos.

“Ir a León fue el mayor cambio de mi vida”, reconoce. Todavía no sabía que su idea de prepararse para la docencia y dar clases de Educación Física iba a quedar aparcada tras regresar al Bierzo. Fue entonces cuando comenzó como entrenador personal en un centro deportivo y retomó el banquillo en el Atlético Templario y el Club Deportivo Cuatrovientos. Llegó al Ciudad de Ponferrada de baloncesto en la temporada 2017-2018. “Fue muy positivo, un año de aprendizaje. El ambiente es mucho más sano que el del fútbol, donde hay mucha presión”, compara. Al año siguiente se sumó a la Deportiva como segundo preparador físico y readaptador en la temporada del ascenso a Segunda División con Jon Pérez Bolo, el comienzo de tres campañas con distintos técnicos y funciones hasta encargarse del análisis de datos en un deporte ya muy condicionado por la tecnología.

Tras estudiar INEF en la Universidad de León, ejerció como preparador físico en el Ciudad de Ponferrada de baloncesto: “El ambiente es mucho más sano que el del fútbol, donde hay mucha presión”

Gelo Alba Arias (en el centro estirándose la camiseta), con el Club Deportivo Garden

Gelo Alba Arias (en el centro estirándose la camiseta), con el Club Deportivo Garden

Gelo Alba Arias, con los colores de la Deportiva Ponferradina

Gelo Alba Arias, con los colores de la Deportiva Ponferradina

Gelo Alba Arias, con la selección de Guinea Ecuatorial

Gelo Alba Arias, con la selección de Guinea Ecuatorial

Acostumbrado a escudriñar hasta la última variable que aportan los aparatos GPS, la experiencia en competición le hace estar convencido de que “cada vez es más importante el aspecto mental que el físico”. Y la figura del psicólogo, hasta hace no mucho considerada como una extravagancia en los vestuarios, “hoy es clave”, afirma ahora que también se han desterrado las premisas de encarar las campañas con la idea de reservar el pico de forma para la recta final: “Los partidos valen tres puntos desde la primera jornada. Hoy se busca un mantenimiento durante toda la temporada”. Con los niveles de “responsabilidad y autoexigencia” al máximo en el club más representativo de la comarca, pasó en una temporada de rozar el asalto a Primera División a bajar a Primera Federación.

“La experiencia es lo que te hace crecer. Y la humildad es importante”, dice. Tras tres temporadas en la Ponferradina, ahora intentará llegar al Mundial de 2026 con Guinea Ecuatorial

Esperando en el verano pasado por una llamada de la Ponferradina que nunca llegó, Gelo se subió al carro de unas sesiones de quince días en la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles). “La experiencia es lo que te hace crecer. Y la humildad es importante”, dice como recetas. Al día siguiente de frustrarse la oportunidad de incorporarse a la selección de México, recibió la llamada de Guinea Ecuatorial: “Y allí me encontré con una familia: con un equipo de amigos que juegan al fútbol”. El resto es historia: la de una Copa África ejerciendo de matagigantes hasta los octavos de final y un camino encarrilado hacia el Campeonato del Mundo de 2026, un sueño en la sede compartida de México, Canadá y Estados Unidos, donde en 1994 se disputó el primer Mundial que recuerda ver por la tele. “Este grupo se merece ir a un Mundial”, sentencia ya de vuelta al Bierzo, donde adivina con antelación que Costa de Marfil se llevaría la Copa África y refresca su pasión por el fútbol base resucitando tras la pandemia al Club Deportivo Fuentesnuevas.

Gelo Alba Arias (en el centro en cuclillas), con el Cjub Deportivo Garden

Gelo Alba Arias (en el centro en cuclillas), con el Cjub Deportivo Garden

Gelo Alba Arias, en un entrenamiento de la Deportiva Ponferradina / SDP_1922

Gelo Alba Arias, en un entrenamiento de la Deportiva Ponferradina / SDP_1922

Gelo Alba Arias, en el Estadio El Toralín con la Deportiva Ponferradina / SDP_1922

Gelo Alba Arias, en el Estadio El Toralín con la Deportiva Ponferradina / SDP_1922

Gelo Alba Arias (izquierda), en unas sesiones con la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles)

Gelo Alba Arias (izquierda), en unas sesiones con la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles)

Gelo Alba Arias, dirigiendo una sesión de entrenamiento para la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles)

Gelo Alba Arias, dirigiendo una sesión de entrenamiento para la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles)

Gelo Alba Arias, en el banquillo de la selección de Guinea Ecuatorial

Gelo Alba Arias, en el banquillo de la selección de Guinea Ecuatorial