Ella todavía no lo sabía. Pero los aros que sirvieron de logotipo a su gimnasio y su club porque eran tantos como los socios fundadores escondían un guiño del destino que se hizo carrera en la noche del 4 de julio de 1992. Inquieta por naturaleza, vinculada ya por entonces al deporte, la docencia y la empresa, María José Rodríguez ‘Pepa’ se había inscrito como voluntaria para organizar el paso de la antorcha olímpica por Ponferrada también sin saber que iba a tener el honor de ser su primera relevista en la capital berciana. Cogió la antorcha a la entrada desde la Nacional VI por Cuatrovientos para recorrer 500 metros, otro paso más del fuego olímpico en su camino hacia los Juegos de Barcelona 92, pero un momento imborrable para su protagonista. “Lo viví con orgullo y con infinito agradecimiento”, dice entresacando fotos del momento en medio de una pandemia que ha trastocado hasta una cita sólo suspendida antes por las dos guerras mundiales. 

Pepa, con la antorcha olímpica, en compañía del voluntario Juan Alonso Rodríguez

“Lo viví con orgullo y con infinito agradecimiento”, dice María José Rodríguez ‘Pepa’, que fue elegida para hacer el primer relevo de la antorcha olímpica a su entrada a Ponferrada

Acostumbrada a compatibilizar labores, Pepa fue finalmente relevista y miembro de la organización del paso de la antorcha por Ponferrada, una dualidad que le generó algún problema. La primera cita del día fue en el entorno del Montearenas para ponerse la ropa y coger la antorcha. Apenas era medio kilómetro de recorrido. Pero no quería dejar nada a la improvisación. “Hasta me entrené y todo. Había que correr con el brazo estirado. Me parecía difícil correr y que no se doblara el codo. Así que estuve entrenando con unas mancuernas”, señala para recordar también la tensión del momento del traspaso de la llama y hasta la anécdota de que el voluntario de Barcelona 92 que la acompañó en el recorrido fuera un berciano llegado de la ciudad condal, Juan Alonso Rodríguez, hijo de los propietarios del Restaurante Casa Juan.

No fue la única curiosidad. Dada su doble condición, consiguió no sin esfuerzo que la bajaran del microbús que trasladaba a los relevistas para que la llevaran hasta la Plaza del Ayuntamiento, adonde llegó a tiempo de la llegada de la antorcha de la mano del maratoniano faberense Rodrigo Gavela, recibido por el alcalde de Ponferrada en aquel momento, Celso López Gavela, en un ambiente enrarecido por la protesta por el cierre del Hospital Camino de Santiago con las reivindicaciones por los centros universitarios como telón de fondo. El fuego durmió en el Consistorio, velado por representantes de los clubes. Al Aros 5, aquella entidad que utilizó como logo el emblema olímpico, le tocó el turno ya a la mañana siguiente.

No sólo los Juegos Olímpicos iban a marcar su 1992. “Fue un año pletórico para mí”, cuenta al rememorar que el Instituto Álvaro de Mendaña (en el que impartía clase de Educación Física y era monitora de deportes) recibió el premio al centro docente más destacado en el ámbito deportivo de Castilla y León, que su antorcha (por la que pagó 15.000 pesetas para quedársela en propiedad) sirvió para el recorrido entre la Plaza del Ayuntamiento y el Parque del Temple en una edición muy especial de CIMA (Ciudad Mágica) con el entrenador de baloncesto Tony Iglesias como pregonero y que Radio Bierzo la distinguió con su premio Trono Popular a la Labor Callada. Ella se queda con el recuerdo de su familia al paso por Cuatrovientos y de una cena con amigos para celebrar el momento: “Al final te queda también el orgullo por la gente que te rodea”. El regalo tras aquella velada también fue una vuelta al origen: una placa con los aros que han marcado una carrera deportiva de años y una carrera de 500 metros la noche en la que Ponferrada entró en el Olimpo.

“Había que correr con el brazo estirado. Me parecía difícil correr y que no se doblara el codo. Así que estuve entrenando con unas mancuernas”, recuerda en una pandemia que obligado a aplazar la cita olímpica

Pepa, con la antorcha olímpica, el 4 de julio de 1992

El Aros 5 fue uno de los clubes encargados de velar el fuego olímpico en el Ayuntamiento de Ponferrada

En la edición de CIMA de 1992, junto al entrenador de baloncesto Tony Iglesias, pregonero aquel año

María José Rodríguez coronó aquel año especial recibiendo el premio Trono Popular a la Labor Callada de Radio Bierzo

Pepa, en una imagen reciente con el patio del Instituto Álvaro de Mendaña de Ponferrada de fondo