Roberto Baelo se crio en Cacabelos cuando todavía “ir al barrio de en frente parecía una gran aventura”. Él creció en el de la Casería cuando todavía al lado había a mano descampados que se convertían en auténticos polideportivos. Y en el Campo de San Bartolo (donde se asienta la sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bierzo) dio sus primeras patadas a un balón ovalado traído por una joven que estudiaba Magisterio en la Universidad de León (ULE). Todavía no sabía entonces que el rugby y la ULE iban a marcar la vida de quien fue seleccionador de Castilla y León y hoy es vicerrector de Relaciones Internacionales.

De niño (a la izquierda) con su hermano Javi

De niño (a la izquierda) con su hermano Javi

“Yo soy producto de la pública”, dice para fijar su paso por el Colegio Público Virgen de la Quinta Angustia y por el Instituto Bergidum Flavium en Cacabelos antes de estudiar en la Universidad de León

Baelo hizo todo tipo de deportes de niño, desde los más convencionales como el fútbol y el baloncesto hasta los más exóticos para la época como el béisbol pasando por disciplinas tradicionales como la billarda. También practicó otros que tenían un insospechado caldo de cultivo en Cacabelos como la halterofilia con los pupilos de José Luis Prada y Santos Uría y el piragüismo enrolado en la generación del Objetivo 96 con la vista puesta en los Juegos Olímpicos de Atlanta. El rugby quedó latente, también al calor de las retransmisiones televisivas del entonces Torneo Cinco Naciones. Luego volvería a llamar a su puerta.

“Yo soy producto de la pública”, dice para fijar su paso por el Colegio Público Virgen de la Quinta Angustia y por el Instituto Bergidum Flavium en la villa del Cúa. “No tenía claro qué quería estudiar”, admite. Y aunque sacó la mejor nota de la provincia en el examen de Matemáticas de la Selectividad, finalmente se decantó, para sorpresa de su profesor del instituto, por Magisterio por Educación Física con la idea de pasarse a mitad de carrera a INEF. Una lesión de ligamento anterior cruzado jugando al fútbol truncó sus planes. Como no se veía a largo plazo con un chándal en un patio de colegio, optó por continuar su formación estudiando Psicopedagogía hasta regresar a Cacabelos para trabajar un par de años en una plaza de técnico de inserción socioeducativa y sociolaboral, mientras comenzaba el doctorado y una larga carrera académica.

Con el currículum sobrado de formación, afrontó su salto al mercado laboral en el peor momento, en el comienzo en 2008 de una crisis económica que todavía perdura hasta aparecer en un programa de televisión como ejemplo de la paradoja de una generación que no encontraba trabajo pese a tener las mejores credenciales. El empleo acabó por hallarlo como contratado en la UNED en Madrid durante un curso para al siguiente obtener una plaza en León como ayudante de doctor y hasta afrontar ahora las oposiciones para ser profesor titular, el último escalón antes de ser catedrático.

Miro y Pili, sus padres

El piragüismo fue uno de sus los deportes que practicó de chaval

“Las titulaciones han condicionado el desarrollo del Campus del Bierzo. Se pusieron estudios muy parecidos a los que ya había en León y Lugo”, dice Baelo, vicerrector de Relaciones Internacionales de la ULE

Fue también un momento de crisis, en este caso de indefinición personal y familiar tras varias estancias en universidades extranjeras, cuando llegó la oferta para integrarse en la candidatura vencedora a rector de Juan Francisco Marín en 2016. Y nos cita tras despedir a una delegación de la Universidad de La Patagonia como vicerrector de Relaciones Internacionales Aunque su cargo le obliga a ampliar el objetivo a otros países, no puede evitar acercar el foco al Campus del Bierzo, que “no era viable e iba a menos” a la llegada del nuevo equipo rectoral. “Las titulaciones han condicionado su desarrollo. Se pusieron estudios muy parecidos a los que ya había en León y Lugo”, señala para defender nuevas apuestas como el grado de Podología, el Master de Viticultura y la Residencia de Estudiantes, al tiempo que defiende el papel de la ULE como forjador de profesionales en sectores punteros en la zona como el agroalimentario, el farmacéutico y el informático sin extralimitar su papel en una sociedad que la mira con lupa en momentos de crisis y la obvia en tiempos de bonanza.

Berciano en León, Baelo también reflexiona en voz alta sobre rivalidades a veces mal entendidas. “Los nacionalismos, que se van curando con la edad y con ver mundo, a veces derivan en luchas estériles. Al final le metemos el dedo el ojo al vecino para ver si está peor que nosotros”, lamenta sin obviar el factor de identidad de una comarca singular en una comunidad autónoma muy amplia y diversa: “Y a un berciano lo identificas al minuto de conversación porque lo dice y se pone la etiqueta”.

Y él, que ha ‘pateado’ mundo en su doble significado, ha encontrado afinidades en los lugares más diversos por el origen y por el rugby, la referencia que cierra un círculo vital condicionado por este deporte y la universidad. Roberto Baelo se reencontró con aquel balón ovalado en la ULE, lo introdujo en Cacabelos con la creación de un club heterogéneo que (paradojas de los ritmos de la administración) recibió los palos cuando ya estaba en vías de extinción y fue hasta seleccionador de Castilla y León a la vez que el deporte acabó cuajando en la comarca a través del Bierzo Rugby Club. Acostumbrado a recibir y dar lecciones, el rugby le ha dejado un legado que va más allá del esfuerzo en el terreno de juego y la complicidad con compañeros y rivales en el tercer tiempo: “El rugby me ha enseñado a responsabilizarme de mis errores y a intentarlos corregir porque afectan a todos los demás”.

“Los nacionalismos, que se van curando con la edad y con ver mundo, a veces derivan en luchas estériles. Al final le metemos el dedo el ojo al vecino para ver si está peor que nosotros”

Disfrazado en un Carnaval de estatua del Vendimiador

El rubgy fue el deporte que acabó marcando su vida

Con el presidente del Bierzo Rugby Club, Jesús Gorostiza

En un acto con Laura, su pareja