“Me enamoré del Bierzo”, dice Mar Palacio al recordar la primera impresión de una tierra en la que encontró a su marido y de la que regresaba a su Asturias natal cargada de hojas prensadas tras la vendimia. La comarca también le dio trabajo hasta asentarse en el proyecto conjunto de echar a andar el que seguramente será el último instituto de su historia, del que se despidió hace unas semanas con lágrimas en los ojos llegada la hora de la jubilación. La mueca nostálgica asalta también al evocar aquellos otoños de juventud y compararlos con el crepúsculo económico de una zona inundada por cierres de empresas y regulaciones de empleo. Pero Palacio da la batalla desde uno de sus bastiones culturales como la primera y más longeva presidenta del IEB (Instituto de Estudios Bercianos), a cuyo frente cumple 15 años.

 

    Nacida en la villa asturiana de San Juan de Nieva, Mar Palacio no pasó de niña más de dos años en un mismo colegio. Peregrinaba a los destinos de su padre, facultativo de minas. “Y tengo cierta envidia de no poder conservar amistades de la infancia”, lamenta. “Fui la hermana y la nieta mayor, y eso siempre marca. Respeto mucho a la gente mayor. Me crié escuchando sus historias”. El carácter pragmático de su padre (su madre falleció cuando ella tenía 24 años de edad) le llevó a hacer el selectivo de Medicina hasta cambiarlo por la Diplomatura en Educación General Básica. Fue entonces cuando ratificó su vocación al salir aplaudida de una clase práctica y cuando descubrió su devoción al llegar al Bierzo de la mano de una hija del recordado Eumenio García Neira. El Señor de Bembibre fue su primer destino en la comarca.

 

Mar Palacio vive un punto y aparte en su vida. Acaba de cerrar una etapa. La docencia ya es pasado, pero todavía está fresco el recuerdo de haber conseguido el objetivo de hacer del IES (Instituto de Educación Secundaria) un centro diferente, el primero de la zona en sacar a los chicos a la calle y despedirlos con un acto de graduación. “He tenido el privilegio de trabajar con personas a las que se puedes marcar una impronta y que tienen todavía capacidad de asombro”, destaca.

La jubilación le permitirá estrechar su vinculación con su otro Instituto. Socia ya desde sus años en Bilbao con su marido, Tito Fernández, fue responsable de la sección de Artes Plásticas en los mandatos de Alfredo Rodríguez y presidenta desde 2003 del IEB. “No hay más fórmula mágica que trabajo y constancia”, subraya antes de enumerar logros como romper la frontera digital con la página web, poner en marcha las Jornadas de Autor (las próximas reivindicarán la figura del pintor Ángel Ruiz), integrarse en el Cecel (Confederación Española de Centros de Estudios Locales) o lanzar el Premio de Investigación Antonio Estévez, llamado a forjar el relevo de una generación de historiadores especialmente volcados en el estudio de su tierra.

Con el éxito movilizador del pasado 8 de marzo todavía en el retrovisor, Palacio vive las reivindicaciones de género desde una doble perspectiva. Las mujeres son mayoría en la docencia, donde “no hay discriminación laboral” y acceden con normalidad a puestos directivos. “Pero a veces una mujer tiene que demostrar algo más que un hombre”, concede desde la atalaya de liderar una entidad cultural de referencia, donde sí ha detectado en ocasiones “la condescendencia de alguna persona determinada”.

Su cargo también le hace ver en primera persona el declinar económico de una comarca que ha pasado de la pujanza a la desesperanza. “Hay que ser realistas: no va a volver la Ciudad del Dólar; e igual tampoco es deseable que lo haga. Hay que tratar de que al menos no vaya para atrás”, señala desde una institución que se sigue “llevando chascos” pero que “cree en lo que hace” y saca adelante proyectos, a veces a fuerza de madurarlos con el tiempo: “He aprendido a dejar reposar las cosas”.

Huir del cortoplacismo es precisamente su receta para la reinvención de una comarca en la que algunos de sus principales actores padecen de amnesia: “No es de bien nacidos no estar agradecidos a lo que El Bierzo dio a muchas empresas, y que nadie sea capaz de devolver un poco de inversión es muy negativo”. Palacio apuesta por la creatividad (“ideas hay, y algunas no son tan caras”, apostilla) y recomienda paciencia. “Falta mentalidad para hacer las cosas sin buscar el negocio rápido, sino con la idea de que produzcan con el paso del tiempo”, concluye.