Su padre le “inoculó” la pasión por El Bierzo y por la Ponferradina; su tío, la afición a la medicina. Y con Antonio Domingo Bodelón hablamos de una comarca obligada a reinventarse, de un club llamado a consolidarse y de un sector condenado a reestructurarse. Hablamos de eso y de más (que dos horas dan para mucho, aunque pasen en un suspiro) con quien fue el médico más joven de España, durante casi dos décadas doctor de la Deportiva y durante una etapa responsable de la Federación de Servicios Públicos (FSP) de la Unión General de Trabajadores en Castilla y León. Coordinador del Centro de Salud de Gradefes, sanitario rural por vocación y convicción, se escapa siempre que puede a casa: “Y me iré a Ponferrada en cuanto me jubile”.

A la izquierda, con su padre, Luis Domingo Laredo, y un amigo en el Valle del Silencio

Con “miedo” por enfrentarse a la profesión sin anestesia se recuerda en sus dos primeras sustituciones tras acabar la carrera como el médico más joven de España: una en La Bañeza y otra en Balboa

Nació en el Sanatorio Santiago. Creció entre las piedras del casco antiguo de Ponferrada jugando a las canicas y a la peonza, sobre todo al fútbol, cuando se entraba “como si tal cosa” en el Castillo de los Templarios. Con una bicicleta regalo de Reyes se recuerda pedaleando por la zona histórica de una ciudad que tuvo que abandonar con apenas 9 años por otro regalo, el que sus abuelos le hicieron para pagarle la educación en el Colegio de Lourdes de Valladolid, un espaldarazo para su formación académica aun a costa de algunas lágrimas por la distancia. Nacido en diciembre, todavía tenía 16 años de edad cuando se matriculó en la última promoción sin númerus clausus de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid. Salió con 22 años siendo el médico más joven de España, pero con más de 20.000 aspirantes para apenas algo más de 1.000 plazas de MIR (Médico Interno Residente).

Con “miedo” por enfrentarse a la profesión sin anestesia se recuerda en sus dos primeras sustituciones: una en agosto en La Bañeza y otra en Navidad en Balboa. “Los compañeros siempre comentan que no hay gente como la del Bierzo”, constata. A falta de oportunidades en un país saturado de médicos, cogió el avión y aterrizó en Guinea Ecuatorial. Y se encontró con falta de medios y la impotencia de ver niños morir de hambre y mujeres de parto sin poder hacer nada. Sí hizo mucho para cambiar los paradigmas: introducir las vacunas para erradicar el sarampión o la poliomielitis, sanear los abastecimientos y formar agentes de salud hasta el punto de que textos editados por médicos de cooperación española sirvieron de pauta a Médicos Sin Fronteras. La experiencia, que se prolongó durante seis años, la resume en una frase: “Aquí haces una labor; allí me sentí útil”.

De vuelta a España, pasó del “bofetón de calor” del país africano a la nieve de los Picos de Europa con una interinidad en Posada de Valdeón, la primera escala de un médico rural que tiene plaza en propiedad en Quintana de Rueda y ahora es coordinador del Centro de Salud de Gradefes. ¿Qué le parece el plan de reestructuración de los consultorios planteado por la Junta de Castilla y León? “No es fácil arreglar el problema a corto plazo. Sin duda hay que reordenar el servicio, pero también dotar mejor los consultorios, ofrecer transporte y mejorar la atención a domicilio”, contesta también convencido de la necesidad de aumentar las retribuciones para “fidelizar” a los sanitarios. La etapa de responsabilidad sindical, una labor que “se suele criminalizar”, la afrontó con dos premisas: la de que “lo primero es el servicio y después los profesionales” y la de que “el médico es un trabajador más” de la cadena.

La experiencia en Guinea Ecuatorial, que se prolongó durante seis años hasta dejar como legado textos aprovechados por Médicos Sin Fronteras, la resume en una frase: “Aquí haces una labor; allí me sentí útil”

Con su hijo Antonio en Guinea Ecuatorial

Con su hijo Antonio en Guinea Ecuatorial

La experiencia en Guinea Ecuatorial se prolongó durante seis años

“A mí me gusta más la Ponferradina que el fútbol”, dice quien pinchó el pie derecho de Fran y tuvo que esperar al control antidoping de Mackay, los héroes de los primeros ascensos a Segunda

La medicina, en su caso, no se explica sin la figura de su tío, Antonio Domingo Laredo. “Yo lo tenía endiosado. Y para la sociedad de entonces el médico era una institución. En los pueblos todavía queda algo de eso”, dice. Referencia en el sector en Ponferrada en la época en la que el ‘don’ siempre precedía al nombre del facultativo, Domingo Laredo traspasó fronteras y barreras para ser médico de equipos ciclistas como el recordado BH en varias ediciones del Tour de Francia. Antes de que la medicina deportiva se convirtiera en un ‘sospechoso habitual’ de los casos de dopaje, también se sentaba con su maletín en los banquillos de equipos de fútbol de la zona como el Endesa y la Ponferradina, donde fue, respectivamente, rival y compañero de su sobrino.

“A mí me gusta más la Ponferradina que el fútbol”, dice mientras, de fondo en la televisión, la selección española se clasifica para la Eurocopa de 2020. “Me conquistó el ambiente del rugby”, añade sobre una pasión con ADN universitario que mantiene con escapadas recurrentes al Torneo 6 Naciones. La Ponferradina le corría por las venas gracias a su padre, Luis Domingo Laredo, y se le apareció en el momento más complicado, cuando hubo que salvar al club de la desaparición con una campaña de recaudación en tiempo récord hace ahora 25 años. De la mano en la directiva de Martín Pérez, Juan Fra y Juan Miranda llegó en 1994 a la enfermería. También fue directivo y hasta ‘taxista’ para entrenamientos y partidos de jóvenes futbolistas que estudiaban en León como David López, Fernando Ministro, Pablo Ramón y Raulín. 

El doctor Bodelón se convirtió en protagonista accidental de un gran susto en 2004, ante el infarto sufrido en El Toralín por el árbitro gallego David Pérez Alleres, una intervención con la asistencia de voluntarios de Cruz Roja y la enfermera Pilar San Sebastián, que bajó desde la grada. La mañana del 25 de junio de 2006 tuvo que pinchar por la picadura de una avispa el pie derecho de Fran, el que llevó a una comarca a la élite con el primer ascenso del club a Segunda División, un momento histórico que ya no pudo vivir su padre, fallecido aquel mes de febrero y todavía ahora ‘socio’ con carné, el número 1 esta temporada. También tiene anécdota con el héroe del segundo ascenso, el portero Mackay, al que hubo de esperar en el control antidoping cuando en las calles de Ponferrada ya se vivía la fiesta.

Ahora que la ciudad y la comarca están más para funerales que para fiestas, lamenta haberlo fiado todo el monocultivo del carbón y denuncia “graves irresponsabilidades políticas” por haber “dilapidado” los fondos llamados a generar alternativas. “La provincia está muy mal, pero El Bierzo está peor”, asume sin dejar de reivindicar la “identidad” de su tierra, a la que vuelve cuando puede desde León, una tierra “más fría” en el termómetro y en la mentalidad: “Yo no sé cuál es la mejor solución. Lo que sí sé es que El Bierzo siempre acaba saliendo de las crisis”. Y regresamos a casa convencidos de que, con paisanos como Antonio Domingo Bodelón, eso que hoy suena lejano resultará más sencillo.

“La provincia está muy mal, pero El Bierzo está peor”, asume sin dejar de reivindicar la “identidad” de su tierra, a la que vuelve en cuanto puede y en la que se instalará cuando se jubile

Cumpliendo el servicio militar obligatorio

A la vuelta de África, en Riaño, entre la nieve

Jugando al rugby como veterano. “Me conquistó el ambiente del rugby”, dice

Como médico de la Ponferradina con Jesús Tartilán como entrenador en un recorte del libro ‘¡Adelante y arriba! La Deportiva 1922-2006’, editado por Diario de León

La familia ha conservado el carné de su padre, Luis Domingo Laredo, que esta temporada es el socio número 1 de la Ponferradina

En un viaje de turista a París

En un viaje de turista a París

En un viaje de turista a París

A la izquierda, con un amigo en un partido del Torneo 6 Naciones de Rugby

 

Antonio Domingo Bodelón, el pasado sábado, en el Estadio El Toralín