No son los primeros que llegan. Antes vinieron otros, miles. Las minas demandaban mano de obra y las cuencas del Bierzo y Laciana se llenaron de gallegos, andaluces, extremeños, paquistaníes, caboverdianos y portugueses. Tantos, que el 12 de julio de 1982 El País publicaba un reportaje titulado ‘La mitad de los trabajadores de las minas leonesas proceden de países extranjeros’. Eran otros tiempos, no tan lejanos en la memoria como en el espacio que han dejado vacío. Por eso sorprende ahora, justo ahora, con las minas cerradas, las térmicas volando por los aires y las escuelas pobres de niños. Y sin embargo aquí están. No sabemos de dónde viene lo de ‘más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer’, pero si lo malo es el paro y el erte y lo bueno es la posibilidad de un futuro rural en una comarca verde donde tus hijos puedan jugar libres en las calles, Francisco Javier y Jesica decidieron contradecir a Serrat. Si te toca llorar, es mejor frente a la Rubiona que frente al mar. Así, un alicantino y una tinerfeña dejaron su casa en Los Abrigos, al sur de la isla más grande del archipiélago canario, y se embarcaron junto a sus dos hijos de 8 años, sus dos perros y su canario ‘Darwin Federico’ en la aventura más grande de sus vidas. ¿Destino? Berlanga, una localidad que no llega a los 200 habitantes y que ahora, gracias a Aroa y Sergio, suma 8 niños.

Francisco, Jesica, Aroa, Sergio y el canario Darwin Federico, no se ven los dos perros, pero también estaban en su viaje de 12 horas de Huelva a Berlanga

Francisco, con más de 21 años de experiencia como panadero, se lesionó y lo echaron a la calle. Jesica trabajaba como ayudante de cocina cuando se quedó en ERTE. “Fue un confinamiento horrible, moralmente estaba destrozado, sentía que no estaba cuidando de los míos. Entonces nos enteramos por una amiga de aquí de que el Ayuntamiento ofrecía el arrendamiento de una casa y del bar del camping a una familia con niños”. Fueron meses de incertidumbre y lágrimas. “Tienes mucho miedo a arriesgar y que no te salga bien”, explica ella. Él ya había salido al extranjero a trabajar antes de conocerla. “Estuve en Bélgica y fue más complicado porque eran muy racistas. También en Francia, donde a la fuerza tuve que aprender el idioma y acabé dirigiendo una empresa de 23 personas”. Pero a Jesica, que nunca había vivido lejos de su familia, el desarraigo y el destierro, aunque voluntario, aún le pesan en las lágrimas que brotan al recordar a su madre. “Nosotros éramos su apoyo y ella el nuestro”.

“Nuestra idea es fusionar la cultura berciana con la levantina y la canaria”

 No obstante, como dice Francisco, “no puedes flojear, si flojeas pierdes la oportunidad. Entre los dos tiramos, que para eso somos una piña”. Así que tras las dudas y los ‘estáis locos’, visitaron el municipio durante cuatro días a comienzos de febrero, conocieron las instalaciones a las que iban a dar vida y tomaron la decisión. Empaquetaron todas sus cosas, las enviaron, y subieron a un barco en Tenerife que después de 36 horas los dejó en Huelva. Aún les quedaban por delante 12 horas de coche. “Veníamos hasta los topes, pensaba ‘que no se estropee, por favor, porque me da algo’”. El 6 de abril llegaron a Berlanga, los padres, los niños y las tres mascotas. “Nuestras cosas aún tardaron en llegar un mes, no teníamos ni lavadora”, dice Jesica, “pero los vecinos nos ayudaron muchísimo, estamos muy agradecidos, son muy hospitalarios, hasta nos trajeron dos sofás”. Eso sí, aún tienen que adaptarse al humor minero, esos comentarios con cara seria que no sabes si son una amenaza o una tomadura de pelo.

Ahora el bar del camping es la única taberna abierta del pueblo. Ellos se esmeran en el pincho, “nuestra idea es fusionar la cultura berciana con la levantina y la canaria”, explica Francisco. De momento, las papas con mojo y el almogrote ya han triunfado. Comprarán una panificadora para elaborar su propio pan, podrán en marcha el restaurante con productos frescos de la tierra, acondicionarán la inmensa terraza de la parte superior del edifico como zona chill out para disfrutar de las noches de verano, y programarán un mercado con artesanos de la zona. Las ideas y las ganas les sobran. “La incertidumbre es el invierno”, confiesan.

¿Y los niños? Mientras los padres hacen planes, “ellos son los que mejor están”. Van al colegio a Vega de Espinareda, ya tienen amigos y juegan libres por las calles del pueblo, algo “impensable” en Tenerife. “Aquí tienen otra vida, son más felices”. “Dicen que el cementerio está lleno de valientes pero los valientes también triunfan de vez en cuando”. De Berlanga al cielo, que desde aquí sí se ven las estrellas.

Camping de Berlanga del Bierzo

Camping de Berlanga del Bierzo

Camping de Berlanga del Bierzo

Terraza superior del edificio del bar del camping donde quieren hacer una zona ‘chill out’

La familia al completo (o casi) comiendo de camino al Bierzo

Jesica, Francisco Javier, Sergio y Aroa en el bar del camping de Berlanga