Que los institutos eran un entorno complicado para los escritores, confesó Julio Llamazares en un programa de RNE en 2021. Y entonces llegó ella. Entusiasta, charlatana y menuda, vino esta profesora toreniense a desmontar lo que el escritor llevaba años aprendiendo. Precisamente en el de Boñar, el más pequeño de la provincia, se encontró el autor con unos chavales “que nada tienen que ver con los alumnos desmotivados que uno se encuentra normalmente en muchos institutos donde parece que la literatura es solo una asignatura y por tanto una obligación y por tanto un coñazo”. Quizá el cambio no esté tanto en los alumnos como en los maestros, en otra manera de transmitir los conocimientos desde el apego y el amor a la propia tierra. Vamos, que es mucho más probable que los adolescentes de Boñar conecten con la literatura leyendo Diferentes formas de mirar el agua a la orilla del Porma que memorizando un resumen del Cantar de mío Cid. Así al menos lo entendió Nuria Rubial, actualmente profesora de Literatura y Artes Escénicas en la Escuela de Arte de León y que fue, durante nueve años, profesora de Literatura en Boñar y una de las coordinadoras, junto con la profesora de Música Patricia Pérez y otras compañeras del centro, del proyecto ‘El eco de la montaña’

Nuria Rubial en la ruta El Eco de la Montaña

Escopetina era su mote y Escopetina aún la llaman en Toreno, donde nació y vivió hasta que se mudó a León para estudiar Filología Hispánica y donde, por cierto, cada vez le gusta más volver. “No me hubiera importado quedarme al otro lado del Manzanal”, sostiene. De hecho, el centro de adultos de Ponferrada fue su segundo destino después de aprobar la oposición. Los vaivenes la condujeron, después de pasar por La Bañeza, Bembibre, Ávila o Segovia, al IES Pablo Díez de Boñar. “Un centro pequeño donde era muy fácil trabajar. Un lujo para los chavales y para los profesores”. Allí formó parte, junto a otras profesoras, de un grupo de trabajo por proyectos, una metodología que busca convertir al alumno en protagonista de su aprendizaje buscando el foco de interés en su entorno. 

La mano del hombre, la misma que horadó las montañas de Rubial en su Bierzo en busca de carbón, modificó el paisaje y la vida de los antepasados de los alumnos de Boñar con la construcción en 1968 del embalse del Porma. Dos pueblos quedaron parcialmente inundados y seis completamente sumergidos bajo el agua. Vegamián, el pueblo natal de Llamazares y al que ha dedicado una parte importante de su obra, fue uno de ellos. Por eso desde el centro invitaron al escritor y Nuria convirtió Distintas formas de mirar el agua y Retrato de bañista en lectura indispensable para que esos chavales, presente y futuro de aquel paisaje, comprendieran lo que esconde su memoria. Y precisamente por eso, porque lo comprendieron, se pueden recorrer hoy las dos rutas literarias que bordean el embalse.

En Toreno, sobre el río Sil

 “Es como si los personajes hubieran salido del libro”. Y a esos personajes nos los encontramos en las distintas paradas de un paseo de 4,2 kilómetros donde, gracias a un QR, podemos escuchar sus voces narrando fragmentos de la novela. La segunda ruta, ya en coche y con parada en la presa del Porma y los miradores de Vegamián y Lodares, hace sonar en la voz del propio Julio cada uno de los tres poemas que escribió tras contemplar las ruinas sumergidas cuando en 1983 vaciaron el embalse. “Lo que ha hecho este pequeño instituto por la literatura, y no solo por la mía, es mucho más de lo que hace el Ministerio de Cultura en todo el año”, sentenciaba Julio en la entrevista de RNE. Para dar a conocer estas rutas entre otros alumnos de la provincia, Rubial es una de las coordinadoras junto con Inés Fuertes del proyecto Liternautas, un evento que, con el apoyo del Instituto Leonés de Cultura, la Fundación Antonio Pereira y el Ayuntamiento de Boñar, aúna literatura y naturaleza y que esta primavera celebrará su tercer cumpleaños. 

Para Nuria, ahora metida de lleno en el proyecto ‘Abuelas’ para rendir homenaje a las mujeres anónimas de las familias con motivo del 8 de marzo, enseñar tiene más que ver con hacer que con contar. Educar antes que instruir, como dijo el pedagogo Manuel Bartolomé Cossío, “hacer del niño, en vez de un almacén, un campo cultivable”. Quizá sea esa la salvación, la única, de esta España vacía y casi olvidada. Los maestros.

Nuria Rubial de niña junto a su primo.

Entre libros, en la librería Sputnik de León.