Primeros planos cargados de color, pelo rosa, barba roja, las ilustraciones de Bruno Santín te hablan a través de los ojos, grandes y profundos, protagonistas. García Márquez se jactaba más de su trabajo que de su talento, contó hace unos años el periodista Juan Cruz. Nada viene dado. Sabes que estás ante una persona honesta cuando reconoce el esfuerzo, las horas de dedicación. “Cuando alguien me pide consejo siempre digo lo mismo, trabaja mucho e intenta hacer algo muy personal. Tienes que currártelo mucho, todo”, dice este artista natural de Lillo del Bierzo. Él lo sabe bien. Nos vemos en Cuatrovientos, donde tiene fijada su residencia y su lugar de trabajo. Bajo el sol de mayo, en una terraza de la Avenida Galicia, los vecinos paran a saludarlo. “Perdonad”, se excusa, “pero esto es un barrio y aquí nos conocemos todos”. Santín ha publicado en revistas españolas como Yo Dona, y en prestigiosos magazines de Estados Unidos, Canadá, Chile o Londres. Pero tal vez lo más significativo haya sido la portada para el 25 aniversario de Shangay Magazine. “Todo esto da visibilidad pero lo que me da de comer son los encargos del día a día de las personas anónimas”.

Portada de Bruno Santín para el 25 aniversario de la revista Shangay

Bruno es optimista. Se aprecia en su trabajo y en su manera de entender una profesión que no siempre le ha dado de comer. “Yo era el típico niño que estaba todo el día dibujando con sus rotuladores”. Tal vez si no se le hubieran atragantado las matemáticas habría sido arquitecto pero optó por el arte. “Cuando dije que me iba a León a estudiar arte no gustó demasiado en mi casa”, reconoce, “la mayoría de mis amigos hicieron derecho o magisterio”. Empezó haciendo collage, peor entendidos que las ilustraciones y también algún que otro retrato académico cuando aún residía en Fabero, “pero no los disfrutaba tanto como ahora”. Trabajó como dependiente en una tienda de moda, como profesor de dibujo, hizo tapices, diseño de escaparates, grabados, todo lo que se le presentó hasta que llegó su oportunidad. “Marcos el peluquero me encargó el diseño de sus bolsas”, cuenta. “Era un reto y al principio me agobió, pero a partir de entonces empecé en serio como ilustrador, gracias a él ahora soy lo que soy”.

“En El Bierzo hay muchos artistas, una buena cantera que hace cosas muy diferentes”

Y ahora es un ilustrador conocido y cotizado que reparte su día entre la búsqueda de referencias visuales y el dibujo. Disciplinado e insistente, sabe bien que la fortuna hay que buscarla. Instagram es hoy el mejor aliado de los artistas. En menos de una década ha transformado el panorama de la comunicación visual eliminando a los intermediarios. “La mayoría de mis clientes proceden de Instagram, es una herramienta básica de mi trabajo porque consigue que te vean millones de personas desde cualquier parte del mundo y te da una recompensa inmediata”. No obstante, sus miles de seguidores no aparecieron por arte de magia, también a la red social le dedica horas de trabajo, subiendo contenidos y mimando a sus fans.

¿Alguna vez pensaste en tirar la toalla? “Nunca”. No titubea. Vivir de una pasión es un privilegio al alcance de pocos. “No le puedes gustar a todo el mundo pero la ilustración vive actualmente un gran momento”. “En El Bierzo”, asegura, “hay muchos artistas, una buena cantera que hace cosas muy diferentes”. También salas y museos interesados en promover y dar visibilidad a todo ese talento. Santín ha expuesto en el Marca de Cacabelos, en la sala Dosmilvacas de Ponferrada y en la Obra Social de Caja España con la organización del IEB (Instituto de Estudios Bercianos).

Bruno Santín, apunten su nombre porque van a oír hablar mucho de él.

Ilustración Bruno Santín

Ilustración Bruno Santín

Bruno Santín

Ilustración Bruno Santín